Emprendimiento

Alfonso Monasterio: 75 años de una consignataria que honra el legado familiar

La firma fundada por su abuelo en 1951 celebra tres generaciones de trabajo en la ganadería argentina.

Redacción2 min de lectura
Alfonso Monasterio: “Siento la obligación de honrar todos los días la empresa que fundó mi abuelo hace 75 años”

Alfonso Monasterio, tercera generación al frente de la consignataria que lleva su nombre, asegura que siente "la obligación de honrar todos los días la empresa que fundó mi abuelo hace 75 años". La firma, nacida en 1951 en Daireaux, se convirtió en una de las referentes del país en remates de hacienda, con más de 10.000 subastas realizadas y cerca de 25 millones de cabezas comercializadas.

El origen se remonta a Alfonso Pablo Monasterio, quien comenzó recorriendo los caminos rurales del oeste bonaerense para organizar remates. Su hijo Adalberto, conocido como "Kuki", continuó la expansión y desembarcó en el Mercado de Liniers, donde la empresa construyó gran parte de su prestigio.

Alfonso, el actual titular, empezó a trabajar formalmente en 1983, con apenas 15 años. "Papá se levantaba a las tres de la mañana para ir a Mataderos. Después arrancamos con los remates de contado de los jueves y nos íbamos a las dos de la mañana para encerrar 4000 cabezas a mano", recuerda sobre aquellos años de formación.

El aprendizaje llegó también en los viajes en auto con su abuelo. "Esas cinco horas eran un aprendizaje constante. Me iba contando historias, anécdotas y experiencias. Sin darme cuenta fui incorporando toda esa sabiduría", afirma. Su abuelo, en una escena que jamás olvidó, le dijo cuando tenía 10 años: "Este va a ser el que va a seguir".

La relación con su padre no estuvo exenta de tensiones. "Yo tenía un carácter bastante particular. Era joven y quería hacer cosas nuevas. Chocaba mucho con mi padre", admite. Con el tiempo entendió que esas diferencias eran parte del aprendizaje: "Fueron batallas, pero hoy entiendo perfectamente que hacía lo mismo que había hecho mi abuelo con él. Fue una enseñanza espectacular".

Uno de los hitos más importantes fue la incorporación del grupo chileno Tattersall como socio. "Papá me dijo que no quería vender. Estuvimos siete u ocho meses negociando hasta que finalmente aceptó", recuerda. La apuesta transformó la administración del negocio, con planificación, presupuestos y análisis de gestión. "Hoy, 25 años después, puedo decir que fue una relación espectacular. Nos enseñaron muchísimo", sostiene.

La firma también diversificó con un acopio de cereales en Daireaux, que su padre miraba con desconfianza. "Decía que muchas empresas se habían fundido haciendo acopios. Pero yo veía que la zona estaba cambiando y aposté igual", explica. Hoy cuenta con tres plantas de acopio y amplió su actividad a la comercialización de granos y subastas digitales.

Monasterio destaca la cultura del esfuerzo como marca de las tres generaciones. "Mi abuelo y mi padre eran gente muy dura, de mucho trabajo; yo aprendí eso. Después tuve que aprender también a bajar un cambio", reflexiona. Y concluye: "El valor de la palabra nunca cambió".

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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