Filosofía

Aristóteles y las 8 virtudes para alcanzar la felicidad, según la Ética a Nicómaco

El filósofo griego sostuvo que la eudaimonía es el fin último de la vida humana y solo se logra con la práctica de la virtud.

Redacción••4 min de lectura
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Aristóteles y las 8 virtudes para alcanzar la felicidad, según la Ética a Nicómaco

Aristóteles, el filósofo griego que vivió entre el 384 y el 322 a.C., abordó en su obra Ética a Nicómaco el concepto de eudaimonía, traducido como "felicidad" o "vida plena". Para él, constituye el fin último de la existencia humana y solo puede alcanzarse mediante la práctica de la virtud y la moralidad.

El pensador describió las virtudes como rasgos de carácter y tendencias a actuar de una manera particular que se adquieren con la práctica y la imitación de "ejemplos morales". Con el tiempo, sostuvo, la virtud se convierte en un hábito, aunque advirtió que "cada virtud es el término medio entre un vicio de exceso y deficiencia".

Su lista de ocho virtudes para ser feliz sigue vigente y fue respaldada por investigaciones académicas posteriores. El coraje, la grandeza de alma, la gentileza, la templanza, la magnificencia, el perdón, la modestia y la veracidad conforman ese catálogo que el filósofo consideraba el camino hacia la vida plena.

Para Aristóteles, el coraje —la capacidad de actuar frente al miedo en lugar de ceder ante él— invita a la felicidad. Un estudio titulado "Contribuciones biológicas al bienestar: las relaciones entre el temperamento, las fortalezas del carácter y la resiliencia" demostró que, al atravesar situaciones adversas, el coraje puede conducir a la resiliencia y la alegría y esta última, encaminar a una mayor felicidad.

Sobre la grandeza de alma, el filósofo escribió que una persona de gran alma es "indiferente a la buena y a la mala fortuna". Además, señaló que estos individuos se comprometen con los aspectos de la vida más profundos y significativos en contraste con los transitorios. Una investigación publicada en el Journal of Happiness Studies comparó la búsqueda del placer versus la del significado de la vida entre adolescentes y evidenció que la última conduce a una mayor felicidad.

La gentileza, entendida como la propensión a la bondad y la capacidad de controlar el temperamento, también forma parte del listado. Aristóteles sostuvo que tratarse de esta forma trae felicidad y que la agresión —concepto opuesto— reduce el bienestar al dificultar el manejo de las propias emociones. Investigadores pidieron a personas que pensaran en alguien a quien despreciaban e imaginaran acciones violentas hacia esa persona: descubrieron que los pensadores agresivos comenzaron a rumiar sobre su ataque de fantasía y experimentaron un menor grado de bienestar que el grupo que se mantuvo gentil.

La templanza es el autocontrol frente a los propios deseos e impulsos alevosos. Académicos que escribieron en el Journal of Personality en 2017 descubrieron que, a medida que el control de los impulsos entre los estudiantes universitarios aumentaba en el transcurso de un día, el efecto positivo inicialmente disminuía. Sin embargo, a medida que el autocontrol seguía aumentando, los sentimientos negativos disminuían y la sensación de felicidad se elevaba a niveles más altos.

La magnificencia, para el pensador, es la cualidad que le permite a una persona pensar en cómo puede consolidar un proyecto personal de la manera más noble y no centrarse en cuánto puede llegar a costar o cómo conseguirlo por menos dinero.

El perdón es la consideración por los demás o sensibilidad hacia sus sentimientos. Junto a esto, Aristóteles entendía como fundamental el perdón y la tolerancia hacia las faltas de otros. La gran mayoría de los estudios sobre el perdón muestran que practicarlo con determinación y dejar de lado las injurias puede ayudar en la reducción de síntomas de depresión y ansiedad.

La modestia, definida como "abstenerse de un comportamiento vergonzoso" aunque sea tentador, puede darse tanto en público como en privado. El filósofo advirtió que la modestia solo puede ser una virtud si "un buen hombre se avergonzaría de hacer esto o aquello"; es decir, hay que creer que una determinada acción es viciosa para poder ser virtuoso al evitarla. Cuando las personas emprenden lo que consideran actos morales se sienten alegres y afianzan el sentido de propósito; contrariamente, cuando cometen actos inmorales, experimentan lo opuesto.

La veracidad completa la lista. Aristóteles valoraba la honestidad y desaconsejaba la "simulación en forma de exageración" y la jactancia. Para él, lo ideal es tener una humildad segura, a través de la cual una persona sea capaz de reconocerse a sí misma y pueda mostrar a los demás quién es sin hacer uso de la arrogancia ni la auto denigración.

La lista fue diseñada para hombres griegos de clase alta que contaban con una educación sólida y un contexto favorable. Como explicó la filósofa Martha Nussbaum en su obra El conocimiento del amor: "Lo que Aristóteles hace, en cada caso, es aislar una esfera de la experiencia humana que figura, en mayor o menor medida, en cualquier vida humana".

Por qué importa

La propuesta de Aristóteles sigue interpelando a quienes buscan una vida con sentido. Sus virtudes, validadas por investigaciones contemporáneas, ofrecen un marco práctico para el bienestar más allá del placer inmediato.

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