Filosofía

Miguel Benasayag: "Asimilarse al tiempo de la máquina es aplastar el tiempo biológico y cultural"

El filósofo argentino radicado en Francia publicó La época de la intranquilidad, un diálogo con Teodoro Cohen sobre inteligencia artificial, productivismo y el lugar del arte.

Redacción••4 min de lectura
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Miguel Benasayag: "Asimilarse al tiempo de la máquina es aplastar el tiempo biológico y cultural"

El filósofo Miguel Benasayag, nacido en Buenos Aires en 1953 y radicado en Francia, sostuvo que asimilarse al tiempo de la máquina implica aplastar los tiempos biológicos y culturales. Lo dijo en el marco de la publicación de su último libro, La época de la intranquilidad (Prometeo), escrito como un diálogo con el filósofo italiano Teodoro Cohen, cuarenta años más joven.

El volumen fue pensado como una "carta a los jóvenes" y aborda la gravitación de la inteligencia artificial (IA) en el mundo actual, el dogma productivista y las nuevas formas de colonización que imponen las redes sociales. Benasayag, doctor en psicología y autor de más de treinta libros, ya había explorado el tema en obras como ¿Funcionamos o existimos? y La inteligencia artificial no piensa (el cerebro tampoco).

La primera vez que experimentó con IA fue hace una década, cuando ese campo todavía era un nicho de la investigación científica. Junto a un colega armó un prompt y le pidió a la máquina una imagen de dos amigos tomando un aperitivo en Marte, con el estilo del pintor francés Eugène Delacroix. "Fue un momento fundante. Por primera vez en mi vida vi delante mío algo que hasta ese momento tenía el velo de lo secreto. Que correspondía a la singularidad total del humano: estaba comprobando la existencia de la creatividad algorítmica", rememoró.

Según el filósofo, la irrupción de la IA propuso una deconstrucción radical de la razón, la consciencia y el alma para mostrar el lado mecánico del pensamiento. "Al principio ese lado mecánico nos maravilla: de pronto una máquina le gana una partida de ajedrez a Gary Kasparov o escribe poesía", planteó. Pero ahí aparecen dos hechos: la delegación de funciones y la masividad y rapidez del fenómeno, que empujan a preguntarse por qué no usar la IA. "Pareciera, según la IA, que el pensamiento es un fenómeno mecánico y calculable", advirtió.

Para Benasayag, la creatividad algorítmica tiene límites. El primero es que lo que empuja a los seres vivos a actuar no es la razón sino la pulsión, el deseo y el imaginario. El segundo es epocal: la máquina funciona dentro de lo estadístico y nunca va a sentir el aire de una época. "Puede incorporar algunos de estos elementos, pero nunca va a sentir el aire de una época", afirmó.

El filósofo también se refirió a la hibridación entre lo virtual y lo real. Puso como ejemplo el GPS: se usa para ir de un punto a otro, pero en el medio no existimos. "Ahí perdemos lo territorializado, que no es lineal, ni útil ni contable, y eso limita nuestra potencia", explicó. Algo similar ocurre con la angustia: si se le comparte a un amigo, la relación es parte de la cosa; si se le cuenta a una máquina, la respuesta llega pero la relación desaparece.

Consultado sobre la tecnofobia, Benasayag la consideró un punto de vista equivocado porque parte de un ser humano puro que no existe. "La verdadera preocupación es cómo podemos hibridarnos de modo en que la vida, la democracia y la cultura no queden aplastadas por la linealidad del cálculo", sostuvo. Y agregó: "Es un desafío ético".

Sobre el rol del arte, el filósofo sostuvo que los artistas sienten el caos del mundo y lo transforman en poesía. "El artista puede usar la máquina para continuar su proyecto creativo, pero no lo desvía por su vínculo con ella", dijo. Para Benasayag, músicos, escritores y pintores son gente golpeada por la tormenta de la historia, y las nuevas ideas vienen siempre del arte.

En cuanto a la pandemia, la describió como una piña en el mentón que impidió seguir ignorando la complejidad y el caos. "Hasta el 2020, millones de personas vivían pasando por alto el hecho de que el mundo había cambiado", recordó. Sobre la noción de futuro, planteó que ya no se trata de obedecer a una vanguardia o a un líder que sabe sobre el futuro, sino de encontrar un sentido basado en la inmanencia. "Ya no hace falta tener una zanahoria en el futuro para actuar en el presente", aseguró.

Respecto del malestar entre los jóvenes, sostuvo que sienten el caos, la pérdida de sentido o la amenaza al trabajo de manera no reflexionada. "Algunos tratan de aplastar eso con medicamentos o drogas, cuando en realidad no hay que aplastarlo: hay que transformarlo en potencia de actuar", afirmó. Y cerró: "En ese sufrimiento hay una verdad".

Sobre la idea de no tener tiempo, Benasayag fue tajante: "El tiempo ni se acelera ni se desacelera. Querer asimilarse al tiempo de la máquina significa aplastar los tiempos biológicos y culturales". En esa línea, el filósofo viene insistiendo en una idea que atraviesa buena parte de su obra: la diferencia entre pasar el tiempo y usarlo. Y también en la necesidad de recuperar una duda como camino a la libertad frente a la lógica del rendimiento.

Por qué importa

El avance de la IA y la exigencia de estar siempre disponibles reconfiguran la vida cotidiana y el mundo del trabajo. Benasayag propone una hibridación que no aplaste lo vivo, la democracia ni la cultura.

Qué sigue

El libro se presenta como una carta a los jóvenes y abre el debate sobre cómo regular la colonización algorítmica. La discusión sobre el uso de la IA en el trabajo y la educación seguirá en agenda.

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