Beatriz Bragoni: “Tras la Revolución de Mayo, hubo una guerra por monopolizar la narrativa”
En su nuevo libro, la historiadora recrea la disputa por la opinión pública durante los primeros gobiernos patrios, no exenta de noticias falsas y manipulaciones de la verdad.

La historiadora Beatriz Bragoni, doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires e investigadora del Conicet, acaba de publicar Conspiraciones, un libro que reconstruye los choques subterráneos entre el Directorio de Juan Martín de Pueyrredón y sus detractores. La autora, también académica de número, sostiene que en los albores de la patria la lucha por el poder se libraba con un arma similar a las actuales fake news: la difusión de trascendidos y noticias falsas para desprestigiar al enemigo.
En una sociedad mayoritariamente analfabeta, la información circulaba a través de periódicos que se leían en voz alta en pulperías y se comentaban de boca en boca. Esos “papeles públicos” eran el principal vehículo para moldear la opinión pública, un concepto que recién comenzaba a tomar forma en el Río de la Plata. Bragoni detalla cómo el gobierno de las Provincias Unidas reglamentó la libertad de imprenta, pero también creó comisiones para censurar los textos que consideraba peligrosos.
El libro se centra en la “guerra de plumas” entre el sistema de información oficial y el clandestino, que minó la estabilidad del gobierno y contribuyó a su colapso entre 1819 y 1820. La autora analiza publicaciones como El Censor, El Duende de Santiago y La Gaceta de Buenos Aires, y revela cómo los opositores, desde Montevideo, tejieron una red para atacar a Pueyrredón, a Bernardo O’Higgins y al propio San Martín, a quien ridiculizaron en una caricatura de 1820 que ilustra la tapa del libro.
Bragoni explica que la revolución aceleró la politización de la sociedad, y que la opinión pública se convirtió en una instancia de legitimación para los gobiernos. En ese marco, la Iglesia jugó un rol ambivalente: algunos eclesiásticos apoyaron la causa revolucionaria desde el púlpito, difundiendo lo que llamaban “el sagrado sistema de la libertad”.
La autora subraya que la manipulación de la información no era un fenómeno local: las noticias sobre el Río de la Plata llegaban a Lima, Baltimore y Londres, y las revoluciones de Chile y del Plata eran observadas con atención en Europa. “La creación de sentido sucede en la calle y en los libros”, cita Bragoni al historiador Robert Darnton, para explicar que la opinión pública se formaba tanto en los mercados como en las tabernas.
Con un enfoque documental, Conspiraciones se presenta como una antesala de las guerras civiles que asolarían al país en las décadas siguientes, y ofrece un espejo inquietante para el presente, donde las noticias falsas siguen siendo un arma política.
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