Psicología

Bernardo Stamateas: "Evitar sentir es el peor negocio que podemos hacer con nosotros mismos"

El psicólogo argentino explica por qué las emociones no se regulan con la razón ni con explosiones, sino con el cuerpo y la palabra.

Redacción••3 min de lectura
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Bernardo Stamateas, psicólogo: “Evitar sentir es el peor negocio que podemos hacer con nosotros mismos”

La mayoría de los problemas que aparecen en las relaciones interpersonales tienen su raíz en las emociones cotidianas que, muchas veces, no se saben administrar. Así lo plantea el psicólogo Bernardo Stamateas, que repasa una serie de ideas para regular el campo emocional y evitar que lo que se siente termine gobernando la conducta.

El punto de partida es una creencia extendida en la época actual: que lo que uno siente es real, sobre todo cuando la emoción es intensa. Para Stamateas, la emoción no es una verdad objetiva, sino una reacción psicofisiológica del cuerpo y del alma que avisa que hay algo por enfrentar.

De ahí se desprende una consecuencia práctica: la emoción no se regula pensándola ni explicándola. "Se regula con el cuerpo", sostiene el autor. Respirar lento, ponerse de pie, caminar o hacer ejercicio son las vías para que una emoción disminuya. Si alguien siente miedo, necesitará gestionarlo con su cuerpo, porque el desgaste físico habilita la regulación.

Tampoco sirve reaccionar de manera impulsiva. Mucha gente afirma que no se guarda nada y que dice todo lo que siente; otros descargan su enojo gritando contra el rival en un partido de fútbol, convencidos de que así se liberan. Para Stamateas, eso es un mito: expresar lo que se siente de forma explosiva no ayuda a calmarse y puede reforzar un patrón automático de reacción que lleva a responder cada vez con más intensidad.

El psicólogo es tajante con la evitación: "Evitar sentir es el peor negocio que podemos hacer con nosotros mismos". Frases como "no tengo que enojarme", "no puedo llorar" o "voy a pensar en otra cosa" no hacen desaparecer la emoción, sino que pueden potenciarla. Si alguien está triste y se esfuerza por escapar de esa tristeza, lo más probable es que termine peor: la evitación funciona como un boomerang y aquello de lo que se intenta huir vuelve con más fuerza.

Una emoción no se puede evitar porque forma parte del sistema nervioso: nace en el cerebro y se expresa en todo el cuerpo. Por eso, en lugar de reprimir lo que se siente, la propuesta es nombrarlo: "estoy furioso", "tengo miedo", "estoy ansiosa". Ponerle nombre a lo que se siente es una manera de administrarlo, porque todo aquello que no se puede poner en palabras puede terminar desplazándose hacia otros.

Entonces, ¿qué hacer cuando aparece una emoción? No actuarla y esperar a que pase. Según Stamateas, una emoción tarda algunos minutos en disminuir: se trata de un proceso fisiológico del cuerpo. Si alguien está enojado y, en lugar de reaccionar o alimentar esa emoción con sus pensamientos, espera, en unos minutos la intensidad baja.

La clave no es calmar las emociones, sino no actuar bajo el impulso. "Puedo decir: siento bronca, pero no la voy a actuar", ejemplifica el psicólogo. Si espera, el cuerpo que generó esa emoción pronto la desactiva. Y una vez que la emocionalidad disminuyó, aparece la pregunta: "¿Qué puedo hacer para estar mejor?". Ese es, para Stamateas, el camino para crecer interiormente y fortalecer el corazón, el espíritu y los vínculos.

Por qué importa

Las emociones mal administradas están en la raíz de la mayoría de los conflictos interpersonales. Las ideas de Stamateas ofrecen herramientas concretas para quienes buscan gestionar el enojo, el miedo o la tristeza sin reprimirlos ni explotar.

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