Arquitectura

Oporto: una casa portuguesa del siglo XIX se convirtió en hotel boutique

Casa Cedo recupera el espíritu doméstico con interiores llenos de arte y espacios que borran la frontera entre hospedaje y hogar

Redacción••4 min de lectura
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Oporto: una casa portuguesa del siglo XIX se convirtió en hotel boutique

En Oporto, Portugal, una típica casa portuguesa del siglo XIX se transformó en Casa Cedo, un hotel boutique que busca honrar la impresión que transmite su fachada: la de hogar. El proyecto estuvo comandado en la arquitectura por Joana Leandro Vasconcelos, de Atelier in.vitro, y en el interiorismo por la española Daniela Franceschini, fundadora de Quiet Studios.

Azulejos en la fachada, balcones de hierro, pocos metros de frente y varios de altura. Por dentro, materiales de calidad, piezas de arte y un salón repleto de libros. "Porque no existe una casa sin libros", anticipa Franceschini, la interiorista que estuvo detrás de todas las terminaciones y detalles del proyecto.

Tampoco existe una casa icónica en Oporto que no tenga piso de madera, techos altos, molduras, jardín al fondo y una escalera teñida por la luz de una claraboya. Por eso, la premisa de Massimiliano Salé y Jeremiah Healy, dueños de Casa Cedo, fue respetar el carácter de lo existente también puertas adentro.

Pero con una salvedad: integrar la tienda de la planta baja, que antes funcionaba de manera independiente hacia la emblemática Rua de Cedofeita, y transformarla en acceso principal y florería, desdibujando la típica recepción hotelera. Una vez más, para reemplazar las formas del hospedaje por las de la vida cotidiana.

"Entrar por una tienda de flores (y perfumes) nos marcó una pauta muy fuerte tanto experiencial como estética, así que tomamos el concepto de lo botánico como eje transversal de todo el recorrido hacia el interior", explica Franceschini. "Las formas orgánicas y florales se trasladan a los candelabros, las cerámicas, la señalética e incluso a la identificación de los ocho cuartos, que llevan nombres de plantas".

La obra se pensó en colaboración. "Convocamos a distintos artistas de Portugal para incorporar sus objetos, muebles y pinturas. Eso es, para mí, la sostenibilidad: lograr que la gente de alrededor forme parte del proceso creativo y ayude a construir la historia del lugar", reflexiona la interiorista. Este tipo de abordaje, que combina diseño y comunidad, aparece también en proyectos como el diseño de una casa familiar o en la apuesta por construir 25 casas en el desierto con materiales locales.

Los espacios comunes se sienten como un living residencial. La biblioteca convoca a sentarse a su alrededor y pasar un buen rato de contemplación. Su diseño vuelve a la mente cuando se ve el juego de cubos de madera que bordea los respaldos de cama. Las cómodas, los muebles auxiliares y la infinidad de objetos decorativos ayudan a bajar la escala y generar cercanía.

En el comedor, antigua dependencia y taller, también se celebran eventos. "La propuesta se despega de la típica caja blanca y versátil para generar un espacio cercano, con placares de madera y vidrio que permiten la entrega directa de platos, como en una casa", detalla Franceschini. "Diseñamos sillas con una curva perfecta como contrapunto a la textura e irregularidad de los troncos del techo y la madera de la mesa alargada".

La arquitecta Joana Leandro Vasconcelos agrega: "Los fragmentos de las paredes exteriores dejan entrever la estructura original de la casa. En lugar de ocultarlos con los nuevos tabiques, optamos por dejar que se asomen y que las diferentes capas del edificio coexistan, para que la propia transformación forme parte de la experiencia espacial. El proyecto no congela el pasado: destaca su esencia pero propone una evolución".

En las habitaciones, el color cumple un rol central. "No queríamos hacer otro proyecto beige. Sumar color a los cuartos es sumar emoción. También es un recurso fantástico para resaltar las molduras del techo, reconstruidas sobre su diseño original", sostiene la interiorista. "Confirmás que lo hiciste bien a nivel identidad cuando es posible reconocer el hotel con solo ver una foto del respaldo y la mesa de luz. Esa composición fue, para nosotros, crucial. Es un balance entre las líneas rectas de la madera y los dibujos orgánicos de la lámpara; una suerte de contrapunto entre los movimientos Art Déco y Arts and Crafts".

La lectura material y sensorial se unifica desde la florería hasta los cuartos y los baños: mismo tono de madera, mismos tiradores, mismo perfume en todos los ambientes. El equipo de trabajo contó con la ayuda de AOF, una empresa especializada en la conservación y restauración del patrimonio portugués.

Por qué importa

El proyecto muestra cómo la restauración patrimonial puede convertirse en un modelo de hospitalidad que prioriza la escala doméstica y el trabajo con artistas locales, una tendencia que gana terreno en el turismo de diseño europeo.

Qué sigue

Casa Cedo ya opera en la Rua de Cedofeita, en Oporto, con ocho habitaciones y espacios para eventos. No se anunciaron nuevas etapas ni aperturas del mismo grupo.

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