Arquitectura

Un ingeniero saharaui construyó 25 casas en el desierto con botellas llenas de arena

Tateh Lehbib Breica ideó el prototipo para su abuela en un campamento de refugiados de Argelia y el método se replicó en cinco asentamientos.

Redacción••2 min de lectura
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Un ingeniero saharaui construyó 25 casas en el desierto con botellas llenas de arena

En el desierto del suroeste de Argelia, una botella de plástico usada puede convertirse en algo más que basura. Para Tateh Lehbib Breica, un ingeniero saharaui criado en el campamento de refugiados de Awserd, fue el punto de partida de una solución habitacional que hoy suma 25 viviendas en cinco campamentos saharauis.

Breica tiene una maestría en eficiencia energética. Primero imaginó una casa con botellas descartadas en el techo, pero terminó usando esos envases rellenos de arena como sustituto de ladrillos en muros más resistentes a las tormentas y las lluvias.

La primera vivienda fue para su abuela. Ella tenía dificultades para caminar y se había lastimado cuando la trasladaban a un centro comunitario para protegerla durante una tormenta de arena. En un contexto donde muchas familias viven en tiendas tradicionales o casas de adobe vulnerables, Breica buscó un material barato, abundante y disponible: botellas desechadas llenas con arena del propio entorno.

La necesidad era concreta. En Awserd y en otros asentamientos saharauis de la zona de Tinduf, las viviendas de adobe pueden dañarse con lluvias fuertes o prolongadas. Las tormentas de arena cubren casas y tiendas con polvo y a veces obligan a evacuaciones temporales. En 2015, una tormenta destruyó miles de hogares, lo que reforzó la búsqueda de técnicas más duraderas.

Las botellas no funcionan solas. El diseño circular ayuda a enfrentar el viento y los muros hechos con envases rellenos ofrecen una alternativa a los ladrillos de barro. El personal técnico en terreno explicó que la forma redondeada tiene ventajas aerodinámicas y soporta mejor las tormentas, en una lógica similar a la de otras casas sustentables pensadas para climas extremos.

El experimento creció cuando el Fondo de Innovación de ACNUR apoyó la construcción de 25 casas en los cinco campamentos saharauis: Awserd, Boujdour, Dakhla, Smara y Laayoune. Las viviendas se destinaron a personas vulnerables, una señal de que la idea dejó de ser una curiosidad individual para convertirse en un ensayo comunitario de adaptación.

La organización benéfica británica World Habitat también destacó el proyecto y señaló que la oficina local de ACNUR ayudó a conseguir 60.000 dólares para construir 25 viviendas adicionales. El método permitió reciclar residuos plásticos, reducir la dependencia de ayuda externa y ofrecer lugares más seguros y frescos para 50 personas vulnerables.

La historia de Breica tiene algo de invento de emergencia y algo de arquitectura popular. No propone una solución universal para todas las crisis de vivienda, pero sí una respuesta concreta para un paisaje extremo: calor, arena, lluvia repentina, escasez y residuos plásticos. Su casa de botellas mostró que, incluso en un campamento de refugiados, la innovación puede empezar con una pregunta elemental: qué se puede construir con lo que todos tiran.

Por qué importa

El proyecto muestra cómo residuos plásticos y materiales disponibles en el entorno pueden resolver viviendas en contextos de crisis humanitaria. ACNUR y World Habitat lo destacaron como modelo replicable para campamentos de refugiados.

Qué sigue

El desafío es escalar el método más allá de las 25 viviendas iniciales y las 25 adicionales financiadas con 60.000 dólares. La continuidad depende de nuevo financiamiento internacional y de la capacitación de mano de obra local en los campamentos.

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