Arquitectura

Belgrano: cómo recuperaron el espíritu de un departamento de 1927 en el Pasaje Olleros

Un diseñador de iluminación compró un primer piso de casi cien años en un pasaje patrimonial y convocó a dos arquitectas para devolverle calor y coherencia.

Redacción••4 min de lectura
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Belgrano: cómo recuperaron el espíritu de un departamento de 1927 en el Pasaje Olleros

Un departamento de 1927 en el Pasaje Olleros, en Belgrano, recuperó su espíritu original tras una reforma meditada a cargo de las arquitectas Helena Sofía Kleinman y Julia Yako. El dueño, Facundo, diseñador de iluminación para teatro, había comprado el primer piso y no tenía apuro por mudarse, lo que permitió trabajar sin urgencias sobre un inmueble declarado Patrimonio de la Ciudad.

El pasaje, construido sobre antiguas caballerizas, conserva la tipología de una “casa popular de renta”, con un pasillo de damero blanco y negro, balcones con plantas y puentes que conectan las plantas altas. El departamento mide 80 metros cuadrados y es de los más grandes porque da al frente.

“Facundo había comprado este departamento y no tenía un apuro tan grande en mudarse, lo que permitía una reforma meditada”, contaron las arquitectas. Él se contactó con Helena, que invitó a Julia a sumarse. Colegas desde que daban clases juntas en la Facultad de Arquitectura, cada una tiene su propia práctica y se asocian cuando un proyecto lo pide.

El estado interior no era el mejor: “Había habido varias reformas que no dialogaban entre sí. La consigna fue recuperar el espíritu original del pasaje, adentro”, resumió Yako. Para entrar, se pasa frente a una de las ventanas y recién después se llega a la puerta. “Es lo primero que se anuncia de la casa, antes de entrar, es muy lindo”, describieron.

La iluminación estuvo a cargo de Facundo. Más allá de las luces del comedor y del acceso, no quería apliques de techo: solo luces de pared, leds en los estantes de la cocina y luces bajas, sobre todo en el living. Del mobiliario previo se conservó una mesa rectangular de madera maciza que arma el comedor principal, mientras que el comedor diario, junto a la cocina, tiene un estilo más contemporáneo.

En la cocina, al entrar, lo primero que se veía era la heladera. Para taparla, demolieron un tramo de muro y extendieron el dintel, que tuvieron que reforzar. Sumaron una porción de pared y alargaron la mesada. También había un mueble de madera “materialmente lindo” que, pese al presupuesto acotado, no querían descartar. Como a Facundo no le gustan las superficies brillantes, quería una mesada de madera: las puertas son nuevas, pero el perímetro conserva la madera existente.

“El otro día, Facundo nos invitó a comer y nos dijo que ahora invita más y cocina más. Es súper satisfactorio saber que ese lugar se usa tal como imaginamos cuando lo proyectamos”, señalaron. Y agregaron: “Siempre que se presentaba una elección entre varias opciones de materiales, Facundo iba por lo más terroso, lo menos saturado, lo menos brillante”.

La búsqueda de coherencia atraviesa todo el proyecto. El mismo azulejo de la cocina se repite en el toilette y luego en el baño, con la idea de darle al departamento la unidad que había perdido. “Los espacios tienen que estar calibrados en cuanto a la cantidad de materiales que se usan y se repiten. Las combinaciones no son al azar: cada obra tiene su paleta”, explicaron Kleinman y Yako.

Los pisos de pinotea son originales y, aunque estaban sin mantenimiento desde hacía mucho, se pudieron recuperar. Entre el dormitorio y el baño había un desnivel porque faltaban algunas solias, el elemento de transición entre ambientes. “Usamos una parte de un mueble que estaba para hacer una solia y un escalón. Fue muy lindo cuando descubrimos que lo podíamos hacer”, recordaron.

Para cerrar el placard de la habitación optaron por cortinas de tussor. “Esta cortina acentúa la altura del espacio de un modo que una puerta nunca lo haría. Nosotras hubiéramos ido por algo más escenográfico, de pana, pero Facundo siempre nos ponía en jaque con la simplicidad”, admitieron. La premisa, según las arquitectas, fue que todo tuviera su espacio para la acción específica y que el dueño disfrutara de cada uno.

El Pasaje Olleros, con dos puentes y pasarelas que dividen la “calle” central en tres subpatios, es una de las pocas casas populares de renta que se conservan en buen estado en la ciudad. Para las arquitectas, ese entorno ya brinda toda la información necesaria para aplicar en una reforma. “El Pasaje tiene de maravilloso que es como vivir en una casa, con una cantidad de ventanas impensable en un departamento actual”, concluyeron.

Por qué importa

La nota muestra cómo se interviene un inmueble declarado Patrimonio de la Ciudad sin borrar su historia: conservar pinotea, muebles y materiales originales en pleno Belgrano es una decisión cada vez más frecuente entre propietarios que buscan vivir en casas de renta recuperadas.

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