Científicos de EE.UU. viajan a Florida para medir la calidad de los manantiales que abastecen a 23 millones de personas
Los manantiales de Florida, más de 1.000 en total, son un indicador clave de la salud de los acuíferos que proveen agua potable al estado.

Un equipo de científicos de Estados Unidos viajó a Florida para estudiar los manantiales naturales del estado, un tesoro de agua dulce que abastece a más de 23 millones de personas. El objetivo es medir la calidad del agua potable que consumen los habitantes, a través del estado de estos ecosistemas únicos.
Florida cuenta con más de 1.000 manantiales de agua dulce, una de las mayores concentraciones de este tipo en el mundo. Estos cuerpos de agua no solo son atractivos turísticos y refugio de manatíes, sino que también funcionan como una ventana directa al estado de los acuíferos subterráneos.
Los manantiales se forman cuando el agua del acuífero emerge a la superficie a través de grietas, cuevas o aberturas naturales. Por eso, su apariencia y caudal son indicadores de la salud del sistema hídrico. Si el agua se ve clara y con buen flujo, sugiere un acuífero saludable; si pierde transparencia, se llena de algas o reduce su descarga, puede ser señal de estrés ambiental.
El sistema de acuíferos de Florida aporta la mayor parte del agua potable del estado. Por ello, los manantiales actúan como sensores visibles de un recurso que normalmente está bajo tierra. Su estado refleja el impacto de la urbanización, la agricultura, el uso de fertilizantes, el bombeo de agua y los cambios en el suelo.
Además de su importancia ecológica, los manantiales son una fuente central de turismo. Millones de personas los visitan cada año para nadar, remar, bucear o hacer kayak, lo que sostiene economías locales vinculadas a parques, guías, hoteles y comercios. Los manatíes también dependen de ellos: durante el invierno, buscan refugio en estas aguas, que mantienen una temperatura estable de entre 68 y 72 grados Fahrenheit.
Entre los manantiales más conocidos se encuentran Wakulla Springs, al sur de Tallahassee, considerado uno de los más grandes y profundos del mundo; Silver Springs, famoso por sus barcos con fondo de vidrio; Weeki Wachee Springs, conocido por sus shows de sirenas; Blue Spring, popular para observar manatíes; e Ichetucknee Springs, muy buscado para tubing.
Sin embargo, el atractivo turístico también genera presión. Más visitantes implican más infraestructura y contacto humano con ecosistemas frágiles. Por eso, algunos manantiales limitan el ingreso diario, exigen reservas o restringen actividades en temporadas sensibles para proteger la vida silvestre.
La guía recomienda revisar antes de visitar si cada manantial está abierto al público, ya que muchos se encuentran en terrenos privados o tienen acceso regulado. También conviene consultar las condiciones del agua, horarios, capacidad del parque y restricciones para nadar o remar.
Así, los manantiales de Florida combinan belleza natural y alerta ambiental. Son lugares turísticos, refugios de fauna y fuentes de identidad local, pero también muestran el estado real del agua que sostiene al estado. Cuidarlos no es solo preservar un paisaje: es proteger una parte esencial del futuro de Florida.
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