Corte Suprema sin mujeres: casi cinco años de un tribunal solo de hombres
Desde la salida de Elena Highton de Nolasco, en 2021, el máximo tribunal no tiene juezas. Con dos vacantes abiertas y la definición postergada para 2027, el debate vuelve al centro.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación lleva casi cinco años sin ninguna mujer entre sus integrantes. El 1° de noviembre de 2021, Elena Highton de Nolasco dejó el tribunal y, desde entonces, el máximo órgano que interpreta en última instancia la Constitución quedó conformado solo por varones. Hoy funciona con tres miembros sobre cinco y la decisión sobre las dos vacantes acaba de postergarse para el año próximo.
En el Senado, algunos gobernadores impulsan la candidatura de un postulante que ya había sido rechazado. La definición quedó demorada hasta 2027, en medio de un debate que excede la coyuntura política y toca la propia legitimidad del tribunal.
No es la primera vez que la Corte se queda sin mujeres. En más de 160 años de historia, apenas tres juristas llegaron a integrarla. Margarita Argúas fue designada en 1970, durante un gobierno de facto. Ya en democracia, Highton y Carmen Argibay llegaron a mediados de la década de 2000. Durante algunos años el tribunal tuvo dos juezas al mismo tiempo. Después, la muerte de Argibay en 2014 y la renuncia de Highton en 2021 devolvieron al punto de partida.
El criterio de diversidad de género dejó de estar vigente este año. En 2003, el decreto 222 había establecido que, al proponer jueces para la Corte, el Presidente debía tener presente la diversidad de género, de especialidad y de procedencia regional. Era una pauta orientadora, no una obligación, pero expresaba un consenso. En junio, el decreto 467 eliminó ese artículo. Justo cuando hay dos vacantes por cubrir y ninguna mujer en el tribunal, el Estado resignó la única referencia que lo invitaba a mirar la composición de la Corte en su conjunto.
Lo que ocurre en la cima refleja lo que pasa en toda la estructura judicial. Según el último Mapa de Género que elabora la Oficina de la Mujer de la propia Corte, las mujeres son el 54% del personal de la Justicia nacional y federal, pero apenas el 24% de quienes ocupan cargos de camaristas. Esa brecha se mantiene estable desde que se empezó a medir, en 2011. No es falta de vocación ni de preparación. Es el resultado de mecanismos de selección en los que, en su tramo final, siguen pesando más los acuerdos que los antecedentes.
La Corte es el caso extremo de ese problema. Para sus vacantes no hay concurso: el Presidente propone y el Senado presta acuerdo con dos tercios de los presentes. Ese diseño exige, por definición, negociación política. Pero negociar no debería significar repartir. Cuando la conversación pública sobre la Corte se reduce a qué gobernador acompaña a qué candidato, o qué bloque puede trabar un pliego, se pierde de vista la pregunta central: qué perfil necesita el tribunal para cumplir su función.
La postergación hasta 2027 puede leerse como una demora más o como tiempo para hacer las cosas mejor. No se trata de tener una receta cerrada, sino de recuperar preguntas que el debate público fue dejando de lado. ¿Con qué criterios se eligen los candidatos, y cuánto pesa en esa elección la composición del tribunal? Que una pauta haya sido derogada no significa que haya dejado de tener sentido. ¿Qué lugar tiene la sociedad para conocer los perfiles antes de que lleguen al Senado? Durante años existió una instancia de observaciones ciudadanas que permitía a universidades, colegios profesionales y organizaciones opinar sobre los candidatos. ¿Y qué entiende el Senado por idoneidad cuando evalúa un pliego para el máximo tribunal del país?
Responder estas preguntas no garantiza un resultado. Pero puede cambiar el eje de la conversación: de quién le conviene a cada sector a quién está en mejores condiciones de ocupar el cargo.
Una Corte integrada solo por hombres puede dictar buenos fallos y eso nadie lo discute. Pero cuando un tribunal decide sobre la vida de millones de mujeres sin que ninguna participe de esas decisiones, algo se pierde. Se pierde una mirada en la deliberación y se pierde también credibilidad frente a la sociedad. Hoy, con la Justicia tan cuestionada, no es un detalle menor.
Llevamos casi cinco años sin una mujer en la Corte. Sería bueno no llegar a más.
Por qué importa
El tribunal que interpreta la Constitución decide sobre la vida de millones de mujeres sin que ninguna participe. La brecha también atraviesa toda la Justicia: las mujeres son el 54% del personal pero solo el 24% de los camaristas.
Qué sigue
La definición sobre las dos vacantes quedó postergada hasta 2027, mientras algunos gobernadores impulsan en el Senado a un candidato ya rechazado. El debate sobre los criterios de selección seguirá abierto.
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