Política

Cuarenta días clave para el Gobierno: economía y elecciones externas marcan el rumbo

La evolución económica y los comicios en Brasil, Israel y EE.UU. definirán el mapa electoral de 2027, mientras el oficialismo busca imponer su relato.

Redacción6 min de lectura
Cuarenta días cruciales para el Gobierno y la oposición

La evolución de la economía real y la resolución de tres incógnitas internacionales en los próximos cuarenta días serán determinantes para empezar a definir el mapa electoral de 2027. El punto de quiebre en el calendario está fijado en la primera semana de noviembre. Hasta entonces, los movimientos que se registren serán acciones preparatorias para el posicionamiento final.

El horizonte sigue brumoso. En los últimos 10 días se registró un choque de cifras que alimentan la disputa por la narrativa económica, con el Gobierno, economistas, empresarios y políticos oficialistas y opositores enfrentados por la interpretación de los datos.

Este jueves, la baja de la inflación en agosto, que con un 1,7% tocó el piso de los últimos 14 meses, compitió con la difusión previa de indicadores oficiales negativos sobre la actividad: caída de la industria y la construcción y destrucción de empleo formal privado. Esa proliferación de datos contrapuestos agregó suspenso a la dinámica político-electoral, ante la imposibilidad de imponer un relato dominante.

Para desvelo del oficialismo, la nueva disminución del índice de precios al consumidor no parece alcanzar para revertir la mirada negativa o pesimista sobre la realidad política y económica que tiene más del 60% de los argentinos. La inflación fue desplazada en el ranking de preocupaciones por el empleo, los ingresos, la pobreza, el consumo, el endeudamiento y la corrupción, según casi todas las encuestas.

Después del breve paréntesis que impuso la conversión nacionalista de la administración de Javier Milei, con la reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas y el anuncio de medidas en consecuencia, se reinstaló en el centro de la escena la disputa de sentido sobre la realidad económica. El bolsillo sigue mandando.

El dominio absoluto de la agenda pública por parte del Gobierno con la cadena nacional por el diferendo con Gran Bretaña duró poco más de 72 horas, según encuestas y relevamientos de la conversación en redes sociales realizados por las consultoras Management Fit y AdHoc. Lo efímero de esa preeminencia temática tiene además el agravante de que las interacciones digitales y las respuestas de los encuestados resultaron más críticas que elogiosas para con la administración libertaria.

Se trata de un resultado magro para la expectativa y la pompa con la que el Gobierno abrazó la bandera soberanista, que procura sostener el interés por la cuestión Malvinas para transitar meses complicados. Tiene la ilusión de mostrar un panorama económico más auspicioso en los próximos dos meses, apalancado en algunas medidas tibias tomadas recientemente para mover la actividad.

La opinión mayoritaria de los economistas no oficialistas no avala ese optimismo. La perspectiva de una mejora sensible en la economía personal en ese tiempo no está en sus cálculos, al menos mientras siga primando el fundamentalismo de Milei y su coloso Federico Sturzenegger. Contra la opinión, con matices, de casi todo el resto del gabinete, incluido el ministro de Economía, Luis Caputo, que sobreactúa obediencia discursiva y demanda respeto de los críticos a los que disfruta de descalificar.

Por eso, entre la dirigencia política, luego de la sorpresa y el impacto que causó el muy preparado anuncio malvinero, volvió la dispersión y cierto desconcierto, que operan como retardadores para la toma de decisiones en la oposición y entre los aliados o fuerzas colaboracionistas con el Gobierno.

En el universo no mileísta husmean la sopa espesa en la que se mueve la economía real para diferir cualquier definición respecto de su vínculo con el Gobierno con miras a 2027, tanto como para sacar provecho de las fragilidades que le impone al oficialismo la realidad. Hasta el macrismo domesticado arrastra los pies en el camino hacia algún acuerdo, aunque no ha dejado de andar en ese sentido.

La instalación, el miércoles, en el recinto de la Cámara de Diputados por parte de los opositores de dos temas urticantes para la Casa Rosada, como son el endeudamiento y la morosidad de los individuos y los fondos para la discapacidad, constituye una foto fidedigna del estado de cosas. Los 18 mejores meses mileístas se hacen esperar, como los brotes verdes de Macri, aunque quizá no tanto como la baja de la inflación de Massa.

A pesar de que el mileísmo trató de disimularlo sumándose al quorum que ya tenían los opositores, sufrió un golpe en la Cámara baja que había intentado evitar por muchas vías y numerosas promesas, pero apenas lo atenuó y logró dilatar el abordaje de la cuestión de fondo. Ganar tiempo sigue siendo un objetivo y cada día cuenta.

No obstante, ciertas demoras inquietan en la Casa Rosada. El empantanamiento de la reforma político-electoral es el caso más paradigmático, en particular en lo que refiere a la eliminación o la suspensión de las PASO, por lo que se afana el oficialismo para dificultar la conformación de una oferta competitiva opositora. Más ahora cuando los números muestran que la chance de lograr la reelección de Milei sigue estando en el margen de lo probable, pero lejos todavía de lo seguro. Una incertidumbre que, en la medida que se prolongue, altera los nervios y lleva a revisar la exposición de los inversores al riesgo argentino.

Los tiempos que calculaba hace menos de dos meses para el tratamiento de esa reforma el siempre optimista jefe de Gabinete, Diego Santilli, ya están vencidos. El exmacrista le auguraba a los hermanos Milei que este mes se aprobaría en Diputados. Todavía el proyecto del Poder Ejecutivo no solo no tiene dictamen de comisión, sino que hasta para los propios todavía es susceptible de cambios importantes. La realidad le ofrece una ecuación de suma cero: el tiempo que el Gobierno gana por un lado lo pierde por otro.

“El temor mayor es que no se pueda sancionar antes de fin de año”, admite una de las espadas mileístas en la Cámara de Diputados, que no descarta que quede para que el Senado lo trate en febrero, en sesiones extraordinarias.

“Sería muy complicado si tuviéramos que intentar la sanción ya en el mismo año electoral. No va a ser lo mismo que en 2025 cuando se logró la suspensión de las PASO aunque era un año electoral. Y el precio de los gobernadores con los que tenemos que negociar los votos en el Congreso va a ser altísimo, además de que tenemos que acordar con ellos lo que se hará en las elecciones de cada provincia”, agregan las fuentes parlamentarias mileístas.

El armado para llevar a buen puerto la reforma no es sencillo, sobre todo porque para aprobar leyes electorales se exige mayoría especial de la mitad más uno de los miembros de cada cámara. Es decir, 129 manos en Diputados y 37 en el Senado.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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