Inmigración

De podóloga de vacas en Nueva Zelanda a medalla de plata en patín: la historia de Manuela Maggio

La argentina de 30 años emigró en 2022 para trabajar en un tambo, ascendió a herd manager y retomó la disciplina que practicaba desde los tres años.

Redacción••3 min de lectura
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Manuela Maggio, de 30 años, argentina en Nueva Zelanda: la joven que pasó de podóloga de vacas a ganar una medalla de plata con los patines en ese país

Una argentina de 30 años que trabaja en un tambo en Nueva Zelanda pasó de ordeñar vacas a ganar una medalla de plata en un campeonato nacional de patín en ese país. Se llama Manuela Maggio, nació en Pehuajó y en cuatro años pasó de farm assistant a herd manager en un establecimiento lechero de Canterbury, al sur del país, mientras retomaba casi por casualidad una pasión de la infancia.

Maggio se formó como técnica agropecuaria en la Sociedad Rural Argentina y creció vinculada al campo: su padre es encargado de campos, su madre es ingeniera agrónoma y su abuelo tiene un establecimiento en Lincoln. Antes de emigrar trabajó dos años con su abuelo en agricultura, ganadería y tambo, y tuvo experiencia con drones aplicados al agro.

Se casó con Javier Rosso Alba, ingeniero agrónomo recibido en la UBA, y juntos tomaron una decisión que les cambió la vida. “Nos casamos un agosto y en noviembre nos vinimos a Nueva Zelanda a trabajar en un tambo”, contó. Los dos consiguieron desde la Argentina un contrato para incorporarse a una empresa con varios establecimientos lecheros.

Llegaron en 2022 y empezaron desde el escalón más bajo. “Empezás ordeñando, lavando cosas, limpiando caca, muy de abajo”, describió. En unos tres años ascendieron hasta convertirse en herd managers, un puesto de responsabilidad. Hoy su marido está a cargo del tambo y ella continúa como su mano derecha.

El establecimiento se llama Willesden Farms y está ubicado a unos 45 minutos de Christchurch. Son unas 300 hectáreas divididas en parcelas de siete hectáreas para organizar el pastoreo. Allí trabajan con un rodeo de 1050 vacas en un tambo rotativo, una calesita de 50 posiciones.

Durante la época de pariciones, la jornada arranca a las 4 de la madrugada. El equipo se reparte entre buscar las vacas, ordeñar, separar y tratar a los animales enfermos y manejar el calostro de las nuevas madres. En primavera, buena parte del trabajo se concentra en el manejo del pasto: tres veces por semana miden cuánto crece para definir la alimentación. Actualmente suplementan con alrededor de un kilo de cebada por vaca cuando es necesario.

A diferencia de la Argentina, el sistema neozelandés no pone el foco únicamente en los litros producidos, sino también en los sólidos y la proteína de la leche. Gran parte de esa producción se canaliza a través de Fonterra, la cooperativa de los tamberos, para la elaboración de leche en polvo destinada a la exportación.

“Me encanta trabajar al aire libre, las vacas, siento que tengo cierta sensibilidad con ellas. Me gusta hacer lame cows, hice cursos sobre vacas rengas y las curo; soy como la podóloga de vacas”, contó. También es la encargada de tratar a las vacas enfermas: “Tengo una sensibilidad especial para curarlas y tratarlas con cariño, con bienestar animal”.

El aprendizaje profesional vino acompañado de una transformación personal. Cuando llegó tenía poco dominio del inglés y le costó alejarse de su familia y sus amigos. Con el tiempo, esa situación se dio vuelta: aprendió el idioma, armó un grupo de amigos y empezó a sentirse parte del lugar. “Y ahora soy yo la que más se quiere quedar”, dice.

La pareja ya cuenta con residencia temporal y dentro de dos años podría solicitar la permanente. Por ahora no tienen decidido si su futuro estará en Nueva Zelanda o en la Argentina: “Vamos a ir tomando la decisión día a día. No tenemos planes seguros de si volvemos o nos quedamos. Iremos viendo”.

El amor por el patín

En ese proceso de adaptación apareció también un viejo amor: el patín, con el que había simpatizado a los tres años. Compitió durante su infancia y adolescencia en Pehuajó, Trenque Lauquen y Lincoln, y en la Argentina llegó a ser campeona provincial de los Bonaerenses. Cuando se fue a Nueva Zelanda, la actividad quedó relegada.

Sin embargo, casi por casualidad volvió a competir y llegó al segundo puesto en un campeonato nacional de esa disciplina en Nueva Zelanda. El próximo año quiere participar también en libre, la categoría que practicó durante toda su vida.

Por qué importa

La historia muestra cómo el sistema lechero neozelandés ofrece una carrera definida para los trabajadores argentinos dispuestos a capacitarse, y cómo la adaptación en el exterior puede reabrir pasiones que parecían cerradas.

Qué sigue

La pareja ya tiene residencia temporal y dentro de dos años podría pedir la permanente. Maggio planea competir en la categoría libre el próximo año, mientras ambos evalúan si se quedan en Nueva Zelanda o vuelven a la Argentina.

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