Salud Mental

Descanso reparador: por qué no hacer nada no apaga el cerebro y qué actividades lo recuperan

La neurociencia muestra que el reposo pasivo no relaja la mente. Juegos de mesa, deportes con oponente y retos cognitivos ayudan a recuperar energía.

Redacción••2 min de lectura
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Esta es la fórmula ideal para lograr un descanso reparador para nuestro cerebro (y no pensar en nada)

El ritmo laboral, el estrés sostenido y la sobrecarga mental empujan a imaginar unas vacaciones sin pensar en nada, como si ese fuera el descanso ideal. La neurociencia sostiene lo contrario: el cerebro no se apaga en estado de reposo y la mente divaga cuando no tiene una tarea concreta, un proceso que lejos está de ser relajante.

La clave para un descanso reparador pasa por mantener activas las llamadas funciones ejecutivas, las que permiten controlar el pensamiento y la conducta sin caer en el piloto automático. Se dividen en frías, ligadas al razonamiento, la planificación y el cambio de estrategia en situaciones abstractas, y calientes, que se encienden cuando hay emoción de por medio: una tentación, un riesgo, una victoria o una derrota.

Un buen juego de mesa pone a punto esas funciones. Leer el reglamento ya exige memoria de trabajo y las primeras partidas demandan flexibilidad e inhibición, propias de las funciones frías. Durante la competencia, las ganas de ganar o la pérdida de una ficha clave activan las funciones ejecutivas calientes.

Con el deporte ocurre algo similar. No es lo mismo correr en solitario que estrenarse en una disciplina con oponente, incertidumbre y adrenalina. El pádel, la escalada, el tenis de mesa y los deportes de habilidad abierta obligan a reaccionar en tiempo real a lo que hace el otro y entrenan más las funciones calientes que las actividades predecibles e individuales.

Las vacaciones ofrecen una oportunidad para afinar esa apuesta. Las actividades recreativas al aire libre y con bajo estrés resultan especialmente beneficiosas para la atención, la inhibición de la conducta y la flexibilidad cognitiva. Romper con el sedentarismo también moviliza los circuitos prefrontales y mejora su eficiencia neuronal.

La fórmula ideal, entonces, combina bajo estrés, cuerpo en movimiento y un reto cognitivo con algo de picante emocional, como una partida que se quiere ganar o un deporte que todavía no se domina. Incluso antes de salir de vacaciones se pueden implementar descansos activos, con actividad física ligera entre horas de trabajo o estudio y un pequeño desafío mental, por ejemplo sentadillas contando de tres en tres hacia atrás desde 50.

Al volver a la rutina, la evidencia científica más reciente indica que para recargar pilas, lo que la investigación llama recuperación laboral, hacen falta cuatro condiciones: desconectar psicológicamente, relajarse, tener autonomía sobre el tiempo libre y aprender algo nuevo o superar un reto. Ese último punto reduce la sensación de agotamiento y refuerza la sensación de competencia.

Los beneficios de las vacaciones no son eternos y en las primeras semanas de regreso pueden diluirse. Por eso el reto cognitivo con pinceladas emocionales marca la diferencia: no solo prolonga el efecto de unas buenas vacaciones, sino que deja las funciones ejecutivas más entrenadas para encajar mejor la vuelta al trabajo.

Por qué importa

Miles de trabajadores argentinos vuelven de vacaciones y sienten que el descanso se esfuma en pocas semanas. Entender que el reposo pasivo no recupera la mente permite elegir actividades concretas para llegar mejor al regreso laboral.

Qué sigue

Queda por verse cómo las empresas y los equipos de recursos humanos incorporan estos hallazgos en políticas de bienestar y pausas activas. También resta medir cuánto duran los efectos según el tipo de tarea y la carga horaria.

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