Psicología

Dopamina evitativa: por qué el celular gana la batalla contra las tareas importantes

Psicólogos explican cómo el cerebro prioriza recompensas rápidas y posterga lo que genera ansiedad o frustración.

Redacción2 min de lectura
La psicología explica por qué las personas pasan horas con el celular y postergan las tareas importantes

El tiempo pasa volando y las tareas importantes siguen pendientes. Ese fenómeno tiene nombre en la psicología: procrastinación, definida como la postergación voluntaria de actividades a pesar de las consecuencias negativas que esa demora genera. En los últimos años, millones de personas conviven con esa sensación de que el día se agota sin que lo urgente se resuelva.

La explicación está en un mecanismo cerebral: la dopamina evitativa. Se trata de la forma que tiene el sistema límbico, la parte emocional del cerebro, de escapar de tareas que producen ansiedad o incomodidad. En lugar de enfrentarlas, busca estímulos que brinden satisfacción inmediata.

El psicólogo clínico Sebastián Ibarzábal, especialista en conflictos de relación y problemas de comunicación, sostuvo: “Se le llama así porque la dopamina es el neurotransmisor que regula la anticipación de recompensas y el impulso a buscarlas”. El fenómeno aparece cuando alguien debería ponerse al día con un informe laboral y, en cambio, elige ver videos en TikTok o lavar la pila de platos acumulada. El cerebro procesa esas distracciones y registra: “Esto es bueno, hay que repetir”.

“La búsqueda del estímulo instantáneo siempre se activa cuando aparece algo que incomoda, generando un desvío que es eficaz a corto plazo y que, por eso mismo, se repite”, añadió el profesional. El problema de fondo es que las recompensas rápidas dificultan la concentración en trabajos significativos a largo plazo, porque no producen el mismo efecto inmediato.

La licenciada en psicología Victoria Almiroty aportó otra dimensión: “No procrastinamos únicamente porque existen estímulos gratificantes sino porque ciertas tareas nos confrontan con frustración, autoexigencia, miedo al fracaso, exposición o conflicto con el deseo”. Esas conductas generan alivio momentáneo, pero después aumentan los sentimientos de culpa, ansiedad y pérdida de autoestima. “Forman un círculo negativo difícil de cortar”, afirmó.

Cuando la conducta se vuelve crónica, advirtió Ibarzábal, no solo evita el malestar: también impide el autoconocimiento y la elaboración de experiencias que, aunque incómodas, necesitan ser procesadas. Todo lo que no se procesa no desaparece y se manifiesta en el cuerpo como tensión, irritabilidad o cansancio sin causa aparente.

Frente a estas señales, el especialista recomendó no apurarse a juzgar ni diagnosticar. En cambio, propuso prestar atención a qué se hace en los momentos en que aparece el impulso de huir. Ese registro honesto, explicó, ya es una forma de contacto con la propia vida interior que el circuito de dopamina evitativa bloquea.

Almiroty señaló que las evitaciones vinculadas con la tecnología son adictivas y no siempre pueden enfrentarse solo con voluntad. En casos no severos o de detección temprana, sugirió incorporar estrategias para recuperar actividades analógicas y reducir la exposición a pantallas.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

Más en Psicología