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Drenaje linfático y masaje capilar: cómo es una sesión que relaja y rejuvenece

La cabeza y el cuello se trabajan juntos porque forman un sistema interconectado, según especialistas en kinesiología y fisiatría.

Redacción2 min de lectura
Drenaje linfático y masaje capilar: la experiencia, en primera persona, de una sesión que libera tensiones y además rejuvenece

Una sesión de drenaje linfático combinada con masaje capilar se presenta como una práctica que apunta a liberar tensiones acumuladas y, al mismo tiempo, mejorar el aspecto del rostro. La propuesta forma parte de un menú de tratamientos faciales que incluye técnicas como el gua sha, el lifting facial manual y el masaje miofascial para la mandíbula. La experiencia, relatada en primera persona, describe una hora de trabajo sobre rostro, cuello y cuero cabelludo con música suave y luz tenue.

La kinesióloga y fisiatra Cecilia Navarro Gamboa, a cargo del tratamiento en Faceit, explica que la cabeza y el cuello se abordan de manera conjunta porque conforman un sistema íntimamente relacionado. "Los músculos de nuestra cara no solo son los efectores de nuestras emociones, sino que participan en funciones hegemónicas como la respiración, la alimentación, el habla y la visión", sostuvo.

La especialista detalla que el cansancio visual puede generar tensión en el entrecejo, mientras que hábitos como fumar o patologías como el bruxismo cargan de tensión los músculos de la boca o la articulación de la mandíbula. Esa combinación de desbalances musculoesqueléticos puede traducirse en molestias en el cuello, y viceversa.

Consultada sobre por qué el masaje del cuero cabelludo resulta tan relajante, Navarro Gamboa menciona tres factores. Desde lo mecánico, alude al tejido fascial, que genera un puente conector entre los músculos del cuello posterior y los faciales. Desde lo nervioso, señala que la inervación del cuero cabelludo surge de C2, un nervio que aparece en la zona de los músculos suboccipitales. "Así como sale, entra información y repercute en tejidos circundantes", afirmó.

El tercer factor es anímico-emocional: muchas personas encuentran relajante la experiencia por el disfrute del contacto y la conexión que se genera. La kinesióloga también menciona beneficios vasculares, la conexión fascial y la presencia del músculo temporal, que influyen en la relajación de la articulación temporomandibular.

Diversos estudios sugieren que parte de esa sensación de relajación se explica por la respuesta del sistema nervioso al tacto. Los movimientos suaves, lentos y repetitivos generan estímulos sensoriales que pueden influir sobre el sistema nervioso autónomo, relacionado con la regulación del estrés, la frecuencia cardíaca y otros procesos involuntarios.

En paralelo, el drenaje linfático manual tiene un objetivo específico: favorecer el movimiento de la linfa y contribuir a disminuir la acumulación de líquido en los tejidos. Por eso, la sensación de liviandad posterior a la sesión puede tener una dimensión corporal y otra subjetiva: mientras el tratamiento actúa sobre los tejidos, el contacto sostenido y delicado ayuda a que el cuerpo baje su nivel de activación.

La sesión dura una hora. Al finalizar, la recomendación de la especialista es no apurar el proceso. "Tomate el tiempo que quieras para levantarte", aconseja Navarro Gamboa. El relato concluye con una percepción de renovación y mayor conexión con el propio cuerpo.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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