Religión

El debate sobre el género de Dios: ¿por qué no llamarlo también Madre?

Historiadoras y teólogas de prestigio internacional cuestionan la imagen exclusivamente masculina de la divinidad y reivindican el aspecto femenino de lo sagrado.

Redacción3 min de lectura
¿Por qué Dios Padre no podría ser también Dios Madre?

¿Por qué Dios Padre no puede ser también Dios Madre? Esa pregunta, incómoda para muchos, atraviesa hoy un debate académico y religioso que gana terreno en universidades como Harvard, Princeton, Oxford, Cambridge y la UBA. Historiadores, teólogos y buscadores espirituales de diversas tradiciones analizan la identidad femenina de lo divino, un tema que durante milenios quedó relegado por la cosmovisión monoteísta.

La discusión no es nueva. Hace 30 años, los publicistas Ramiro Agulla y Carlos Baccetti diseñaron un aviso para la revista Mujeres&Compañía, fundada por Norma Morandini y la autora de esta nota. La pieza decía: “Le pedimos a Dios que nos iluminara para hacer la mejor revista de mujeres. Y Ella nos escuchó”. Lo que entonces fue un recurso creativo e irreverente, hoy es objeto de estudio en instituciones académicas de primer nivel.

La teología hebrea de un Dios único, masculino y todopoderoso, que arraigó en el cristianismo y el islam, estableció un orden patriarcal que también se reflejó en la Tierra. Las diosas desaparecieron del panteón sagrado, y las mujeres fueron asociadas al pecado original y sometidas al varón. Muchos estudiosos de los textos bíblicos sostienen que esa visión no fue un designio divino, sino una construcción de élites políticas y religiosas con fines temporales.

La historiadora inglesa Anne Baring, de 95 años y autora de nueve libros, es una de las voces más destacadas en esta corriente. En su obra The Forgotten Feminine Face of God (El olvidado rostro femenino de Dios), afirma: “Hemos fijado la imagen de la divinidad en el género masculino, negándonos a considerar que el aspecto femenino del espíritu es esencial para la plenitud y el equilibrio de nuestra imagen de lo divino”. Baring distingue dos etapas en la evolución de la conciencia humana: la fase lunar, ligada a la Gran Madre, y la fase solar, iniciada hace 4000 años, cuando “se produjo un desplazamiento desde la Gran Madre hacia el Gran Padre”.

Otra investigadora, la teóloga metodista Margaret Barker, de la Universidad de Cambridge, sostiene que hasta el siglo VII a.C. los hebreos no eran estrictamente monoteístas: adoraban a Yahvé y a su esposa Asherah. La diosa fue removida del Primer Templo de Jerusalén y de las escrituras por los reformadores del Deuteronomio, en tiempos del rey Josías. Aunque sus tesis generan controversia, el arzobispo de Canterbury le otorgó un doctorado honorífico por su contribución a los estudios religiosos.

El caso de María Magdalena es otro ejemplo de esta cancelación histórica. Ella y la Virgen María fueron las únicas que acompañaron a Jesús en la crucifixión, y Magdalena fue la primera en verlo resucitado. Sin embargo, en el año 591, el papa Gregorio Magno la calificó de prostituta arrepentida, confundiéndola con una pecadora anónima. Su imagen quedó manchada durante 1500 años, hasta que Juan Pablo II la reivindicó como “apóstola de los apóstoles”, y en 2016 el papa Francisco elevó su festividad al rango de fiesta litúrgica.

Esta rectificación tardía se apoya en hallazgos como el Evangelio de María Magdalena, descubierto en 1896, y los evangelios de Tomás y Felipe, encontrados en Nag Hammadi en 1945. Se cree que pertenecieron a comunidades gnósticas de los primeros siglos, cuyas prácticas diferían del dogma impuesto en el siglo IV, cuando el cristianismo se convirtió en la religión del Imperio Romano. La Iglesia Católica los considera apócrifos, pero su contenido ha alimentado un movimiento cristiano y feminista que ve en Magdalena a la discípula dilecta de Jesús.

Anne Baring concluye que “la imagen femenina de la divinidad, con su tradición de sabiduría, está regresando a la conciencia. Ella nos reconecta con la dimensión interior y olvidada del alma, que ha permanecido oculta, como una bella durmiente tras un cerco de espinas”. El debate, lejos de cerrarse, invita a repensar las bases de la fe y el lugar de lo femenino en lo sagrado.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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