El templo mormón de Mendoza: arquitectura foránea con raíces locales
Un edificio de piedra portuguesa y vitrales estadounidenses irrumpe en Las Heras con ceremonias que trascienden la muerte para sus fieles.


Una estructura simétrica de hormigón y acero revestida con piedra caliza portuguesa, con una aguja central que se eleva 33 metros y una inscripción en la fachada: Santidad al Señor. La Casa del Señor. En El Challao, Las Heras, Mendoza, donde el tejido urbano se deshilacha contra los viñedos que avanzan hacia la precordillera, funciona desde hace meses el Templo de Mendoza de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, una construcción que desafía lo que cualquiera esperaría encontrar en ese paisaje cuyano.
Entre 22 de agosto y 7 de septiembre de 2024, miles de visitantes recorrieron libremente sus interiores durante la llamada "casa abierta". Pasaron por allí jueces de la Suprema Corte provincial, funcionarios de gobierno, el gobernador Alfredo Cornejo y la reina de la Vendimia Agostina Saua. El obispo mendocino Raúl Mercau presenció cómo los visitantes se transformaban al cruzar el umbral. Una amiga no miembro de la iglesia resumió su experiencia con una frase: sintió que entraba "al cielo".
Los vitrales artísticos fueron diseñados por Holdman Studios, el taller estadounidense responsable de templos de la Iglesia alrededor del mundo, en colaboración con estudios locales. Muestran la flor de jarilla, nativa de la región, y patrones geométricos inspirados en los azulejos de la Plaza España mendocina. Las acequias, esos canales de riego que estructuran el paisaje urbano desde la época colonial, también aparecen como motivo de diseño. Es un gesto de localización sobre una arquitectura que en su lógica profunda es completamente foránea: el de Mendoza se parece más a los templos de Utah o Filipinas que a cualquier iglesia del centro mendocino.
Un templo mormón no es una iglesia. La distinción es funcional y doctrinal, y define todo lo que ocurre dentro del edificio de piedra portuguesa en Las Heras. Las congregaciones locales tienen sus capillas para servicios dominicales y actividades comunitarias. El templo es otro orden de cosas: el recinto donde se administran las ordenanzas, ceremonias sin equivalente directo en el catolicismo ni el protestantismo. Allí se celebran matrimonios llamados "sellamientos" que, según la doctrina, unen a los cónyuges por la eternidad. Y allí se bautizan los muertos.
La Iglesia enseña que millones de personas fallecidas antes de tener acceso al Evangelio merecen recibir las "ordenanzas de salvación". Los miembros realizan bautismos por inmersión en representación de antepasados. La persona fallecida, según la doctrina, mantiene la libertad de aceptar o rechazar esa ordenanza en el más allá. Para sostener esta práctica, la Iglesia construyó durante décadas una red genealógica mundial: FamilySearch, con registros de antepasados de más de 110 países, de acceso gratuito.
El corazón del sistema doctrinal es la sala de sellamientos, donde se formalizan matrimonios eternos y vínculos familiares que trascienden la muerte. Mercau explica su propia experiencia: "Mi esposa y yo fuimos sellados, no hasta que la muerte nos separe, sino por tiempo y eternidad". El salón celestial es la sala de mayor jerarquía simbólica: espacio de reposo y meditación donde los miembros acceden tras completar las ordenanzas. "La mayoría de las personas lo que recordaban era eso", subraya Mercau.
Una vez dedicado el templo, estas salas sólo son accesibles para quienes poseen una "recomendación del templo": documento interno que certifica cumplimiento de estándares exigidos por la Iglesia. Mercau lo formularía así: personas que "se esfuerzan por vivir los mandamientos, de tener una vida acorde con lo que Dios espera de nosotros".
Un ritual marca la frontera entre adentro y afuera. Quienes acceden al templo pasan por un centro de llegadas anexo equipado con duchas y vestuarios, se sacan los zapatos y se visten íntegramente de blanco. Hombres y mujeres sin distinción. "Todos somos hijos de Dios, y lo sentimos adentro del templo", dice Mercau. El blanco simboliza dos cosas: la igualdad ante Dios y la aspiración a la pureza.
Según la doctrina, en abril de 1820 un joven de 14 años llamado Joseph Smith se internó en un bosque de Nueva York y recibió la visita de Dios y Jesucristo. Diez años después, el 6 de abril de 1830, fundó la Iglesia en Fayette, Nueva York, con seis miembros iniciales. Hoy, casi dos siglos después, la Iglesia contabiliza 17 millones de fieles en el mundo y tiene cerca de 350 templos dedicados, en construcción o anunciados en todos los continentes.
La expansión no fue lineal. A mediados del siglo XIX, la Iglesia fue expulsada sucesivamente de Nueva York, Ohio, Missouri e Illinois, donde Joseph Smith fue asesinado en 1844 por una turba. Brigham Young condujo a sus seguidores en una travesía de 1.600 kilómetros hacia el valle del Gran Lago Salado en lo que hoy es Utah, donde establecieron Salt Lake City, sede central que permanece hasta hoy. A la Argentina llegaron en 1925, cuando dos misioneros realizaron la "dedicación" del país bajo un árbol en los Bosques de Palermo.
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