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Isabella Rossellini: del escándalo de sus padres al regreso triunfal a Lancôme

La actriz y modelo italiana, ícono de reinvención, cumple 74 años y repasa una vida marcada por amores intensos y una carrera que supo renacer.

Redacción••3 min de lectura
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“Condenada a la cocaína”: nació en medio de un fuerte escándalo mediático y tuvo grandes amores que moldearon su vida y su carrera

Isabella Rossellini nació en 1952 en medio del escándalo mediático más resonante del siglo XX. Su madre, la actriz sueca Ingrid Bergman, abandonó a su marido y a Hollywood para vivir con el cineasta italiano Roberto Rossellini. El Vaticano condenó la relación, hubo quejas en el Senado de Estados Unidos y la prensa persiguió a la pareja sin tregua. Isabella y su melliza Isotta llegaron al mundo dos años después que su hermano Roberto.

Cuando sus padres se separaron, ella tenía 4 años. Los hermanos quedaron bajo la custodia de su padre, pero vivían en una casa independiente al lado de él, al cuidado del ama de llaves Argenide Pascolini, que se convirtió en una segunda madre. A los 18, Isabella se mudó a Nueva York para trabajar como traductora y periodista, pero su rostro magnético no tardó en captar la atención de la alta moda y del cine.

A los 25 conoció al director Martin Scorsese, a quien entrevistó por El último vals. Un año después se casaron en una ceremonia privada. "Años después me dijo que, cuando nos conocimos, era muy importante para él pensar que tenía una relación con la hija de Roberto Rossellini", confesó Isabella. La pareja duró poco debido a la adicción a las drogas del director. En su biografía Some of Me, la actriz contó que su entonces marido se levantaba insultando todas las mañanas. "Él quería que me quedara encadenada a la cocina y criando hijos", reveló al Irish Independent.

Tras la separación, mantuvo una relación con el modelo y actor Jonathan Wiedemann. Aunque breve, tuvieron una hija, Elettra Rossellini Wiedemann, en 1983. Un encuentro casual en un restaurante de Nueva York en 1984 cambiaría su carrera y su manera de entender el amor: David Lynch la quiso como protagonista de Terciopelo azul. Isabella ya era una modelo cotizada que posaba para Bruce Weber y Richard Avedon, había firmado un contrato millonario con Lancôme y cobraba 15.000 dólares por desfile.

Su interpretación de Dorothy Vallens le valió el Independent Spirit Award. La película se convirtió en un film emblemático de finales de los 80 y levantó polémica por su contenido explícito de violencia sexual. "Era una película fuerte que fue un escándalo en algunos sitios. Incluso las monjas de mi colegio me escribieron para decirme que rezaban por mí y ofrecían misas por mi salvación", contó en sus memorias. Lynch encontró en Isabella a una musa y ella encontró en él a un hombre capaz de mirar su belleza desde otro lugar. En 1986 iniciaron una relación mientras el director seguía casado con Mary Fisk. El romance terminó en 1991, cuando él la dejó por teléfono tras enamorarse de su productora Mary Sweeney.

En 1993, en el set de Amada inmortal, conoció a Gary Oldman. Estuvieron juntos dos años, pero los problemas de alcoholismo del actor terminaron por separarlos. En ese momento, a los 41 años, adoptó un hijo al que llamó Roberto. La maternidad modificó sus prioridades y la obligó a negociar entre la carrera y el deseo de construir una familia.

Isabella eligió un camino poco convencional. Se fue a vivir a una granja, estudió comportamiento animal y desarrolló proyectos audiovisuales en los que se transformaba en diferentes especies. En 1994, Lancôme decidió no renovar su contrato como cara principal de la marca, que había tenido durante catorce años. "Me dijeron que era demasiado vieja", recordó. Tenía 42 años, pero para una industria obsesionada con la juventud, su edad se convirtió en un problema.

Sin embargo, no intentó volver atrás. Siguió trabajando en cine y televisión, participó en proyectos independientes y exploró otras disciplinas. Escribió, dirigió y produjo, y se acercó cada vez más al mundo de la ciencia y la naturaleza. Décadas después, Lancôme volvió a llamarla. Regresó como embajadora de la marca, demostrando que aquello que alguna vez fue considerado una desventaja podía convertirse en una de sus mayores fortalezas.

Por qué importa

La historia de Rossellini muestra cómo una figura pública puede reinventarse frente a los mandatos de la industria. Su regreso a Lancôme cuestiona los estándares de edad en la moda y el cine.

Qué sigue

Isabella continúa trabajando en proyectos independientes y vinculados a la naturaleza. Su regreso a Lancôme como embajadora marca un precedente sobre la representación de la madurez en la publicidad.

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