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Malvinas: la ventana que abrió Trump y las certezas que no cambian en el reclamo argentino

Milei retomó la ofensiva por la soberanía tras la declaración del presidente de Estados Unidos, pero Londres mantiene su postura y Washington no cambió de posición.

Redacción••3 min de lectura
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Malvinas: la ventana que abrió Trump y las certezas que no cambian en el reclamo argentino

El reclamo argentino por la soberanía de Malvinas volvió al centro de la agenda tras una declaración de Donald Trump sobre las posesiones británicas de ultramar, en la que mencionó al archipiélago entre las más polémicas. El presidente Javier Milei retomó la ofensiva diplomática con el anuncio de sanciones a empresas vinculadas al yacimiento Sea Lion y el envío al Congreso de un proyecto de ley de Soberanía Nacional.

Semanas después, Milei sumó su discurso ante la 81ª Asamblea General de la ONU, durante un viaje a Nueva York en el que también buscó reforzar el alineamiento con Washington. Allí calificó al organismo de "inútil" por, según dijo, haber mirado para otro lado frente al reclamo argentino.

El timing no fue casual. Pocas veces la política exterior argentina cuenta con un tema capaz de unir a la opinión pública casi sin fisuras. El reclamo de soberanía sobre Malvinas es uno de los pocos consensos de política exterior con respaldo mayoritario y de larga data en la sociedad argentina. Milei encontró en la declaración de Trump una ventana para reposicionar un tema central de la agenda externa, en un momento que además coincide con la valoración de su gestión alcanzando un piso de aprobación inédito hasta ahora.

Conviene, sin embargo, no sobreinterpretar la señal norteamericana. Para Washington, la mención a Malvinas no implica un cambio de posición ni una convicción sobre el fondo del reclamo. Es un comentario que refleja las tensiones bilaterales que Estados Unidos mantiene con el Reino Unido por otros frentes, en particular Medio Oriente. No hay allí una toma de posición sobre políticas coloniales ni una definición sobre Malvinas en particular. Algunos análisis plantearon la posibilidad de una intervención o de un giro norteamericano respecto del archipiélago, pero se trata, en el mejor de los casos, de un escenario lejano.

Del lado británico, el escenario es todavía más estable de lo que el revuelo sugiere. Para el Reino Unido, la soberanía sobre las islas no es un tema de discusión ni de negociación: la funda en el derecho de autodeterminación de los isleños. La Argentina sostiene que existe un conflicto de soberanía que debe resolverse sentando a las dos partes a negociar, una postura que atraviesa con continuidad a todos los gobiernos argentinos, incluido el de Milei, que en este punto endurece su posición de 2024. Nada indica que Londres vaya a torcer un rumbo que sostiene sin cambios desde 1982: bajo el llamado "paraguas de soberanía" puede negociar comercio, inversiones o conectividad con las islas, pero no la soberanía. Lograr que el Reino Unido se siente a discutir ese punto sigue siendo, hoy, sumamente improbable.

El terreno donde sí puede haber consecuencias concretas es el económico, aunque no en el comercio bilateral. Argentina y el Reino Unido son, mutuamente, socios secundarios y periféricos: ninguno de los dos representa siquiera el 2% del comercio del otro, y la relación comercial viene en baja. El riesgo real está en las inversiones. La Argentina necesita divisas y avanza en una política de apertura a capitales británicos e internacionales, incluido el sector de recursos naturales enmarcado en el RIGI y el petróleo en Malvinas. Ahí es donde la advertencia del canciller Quirno —que las empresas deberán elegir entre invertir en la Argentina o en Malvinas— podría tener un impacto real si se llegara a hacer cumplir.

Para el Reino Unido, en cambio, el peso económico de las islas es menor: su valor es geopolítico y geoestratégico antes que comercial, lo que convierte a esta disputa, para Londres, en una cuestión más de principios que de economía. El vínculo entre ambos países ya venía tensionado por otros episodios, como la disputa por el Estrecho de Magallanes.

La ventana que abrió Trump sirvió para reinstalar un tema que rara vez divide a los argentinos y para capitalizar un momento de revalorización política. Pero no alteró ninguna de las certezas de fondo: el Reino Unido no va a sentarse a discutir soberanía, Estados Unidos no va a modificar su posición, y el verdadero costo de esta escalada, si las amenazas se sostienen, terminará pagándolo la propia Argentina en clave económica.

Por qué importa

Malvinas es uno de los pocos consensos de la política exterior argentina. La escalada puede tensionar las inversiones británicas que el país necesita, sobre todo en recursos naturales bajo el RIGI.

Qué sigue

Queda por ver si el proyecto de ley de Soberanía Nacional avanza en el Congreso y si las sanciones a empresas vinculadas a Sea Lion se aplican. La reacción del Reino Unido y de los inversores marcará el costo real de la escalada.

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