Psicología

Mel Robbins: “No todo el mundo está destinado a ser tu amigo”

La escritora asegura que las reglas de la amistad cambian por completo al llegar a los veinte años.

Redacción2 min de lectura
Mel Robbins, escritora: “No todo el mundo está destinado a ser tu amigo”

Cuando somos niños, las amistades parecen surgir de manera espontánea: en la escuela, en las actividades extraescolares o a través de los padres. Bastaba con coincidir para crear vínculos que, en muchos casos, se prolongan hasta la adultez. Sin embargo, al crecer, el proceso de hacer nuevos amigos se vuelve más complejo y selectivo.

La escritora estadounidense Mel Robbins, reconocida por sus consejos sobre bienestar, abordó este tema en una reciente entrevista con Jay Shetty en su podcast On Purpose. Allí resumió una sensación que muchos adultos experimentan: “Las reglas de la amistad cambian por completo cuando llegas a los veinte”.

Según Robbins, para que una amistad funcione deben alinearse tres factores: la proximidad, la energía compartida y los valores o intereses comunes. “Puedes tener una relación fantástica con alguien, y si decides dejar de beber, esa energía se rompe. Si te enfocas mucho en el deporte, se rompe. Si tenéis creencias políticas muy distintas, se rompe”, explicó.

Un estudio del Pew Research Center revela que más de la mitad de los estadounidenses ya no vive cerca de la comunidad en la que creció. La proximidad, entonces, se convierte en un factor determinante que debilita los lazos con el paso del tiempo.

Para hacer amigos en la adultez, Robbins recomienda centrarse en quienes están físicamente cerca y hacer un esfuerzo consciente por elegir a las personas que forman parte del círculo íntimo. También sugiere aceptar que una amistad puede apagarse: “No todo el mundo está destinado a ser tu amigo, tienes que aceptar quién eres. No hay nada, aparte de tu salud mental, que merezca más ese esfuerzo”.

Un dato que respalda su tesis proviene de la Universidad de Kansas: se necesitan entre 50 y 90 horas de convivencia para pasar de conocido a amigo, y alrededor de 200 para una amistad cercana. En la infancia, esas horas se acumulaban naturalmente; de adultos, requieren una voluntad deliberada.

Quizás la amistad adulta no sea más difícil, sino más honesta: ya no depende de compartir pupitre, sino de elegirse activamente, una y otra vez. Ese esfuerzo consciente, lejos de ser una carencia, podría ser lo que convierte a un amigo adulto en algo mucho más duradero que la coincidencia de la infancia.

Fuente: Clarín

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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