Miguel dejó Madrid y vive hace 8 años en un barco en Miami: “Es la forma más cara de vivir gratis”
El español convirtió un antiguo pontón en una vivienda flotante en la bahía de Miami y explica los costos ocultos de vivir sin alquiler.

Miguel dejó Madrid hace una década y se instaló en Miami, Florida. Dos años después, abandonó la vivienda tradicional y comenzó a vivir en un barco en la bahía de la ciudad. Su historia se conoció a través de una entrevista en el canal de YouTube de Diego Revuelta, donde definió su casa como “una isla flotante” y resumió su situación con una frase: “Es la forma más cara de vivir gratis”.
Desde su embarcación, Miguel contempla algunas de las vistas más cotizadas de Miami sin pagar los miles de dólares mensuales que cuesta un departamento frente al agua, pero advierte que los gastos no desaparecen: el precio de un velero puede ir desde los 40.000 dólares hasta cerca de un millón, según características, estado y equipamiento. A eso se suman reparaciones, mantenimiento y problemas inesperados por la exposición al agua y al clima.
Su decisión surgió tras cansarse de la rutina en Madrid. Durante unos 20 años, pasó los veranos en Ibiza a bordo de un barco y reconoció: “Todos mis recuerdos buenos han sido en el agua”. Miami reunía dos condiciones clave: una gran bahía y un clima apto para vivir en una embarcación gran parte del año.
La vivienda que utiliza no salió de un astillero completo. Era un antiguo pontón al que retiró sus elementos anteriores y reconstruyó con madera para convertirlo en un espacio habitable. El resultado combina las funciones de un barco y una pequeña casa, con aislamiento y contacto diario con el mar, pero también lo obliga a organizar cuestiones que en tierra se resuelven solas.
Miguel considera que la clave económica está en reducir el nivel de consumo. Al vivir en el barco, dejó de necesitar tantos ingresos para mantener la misma estructura de gastos que en una vivienda convencional. Sin embargo, no elimina los costos: la ausencia de alquiler se compensa con el precio de la embarcación y las inversiones para conservarla en buenas condiciones.
También percibe su elección como una salida de las reglas habituales. Mientras otros pagan cifras elevadas por la misma vista, él vive frente a ella sin abonar una renta mensual. Esa diferencia, aseguró, incomoda a algunos porque “te sales del sistema”.
Su experiencia no plantea la vida náutica como una alternativa barata para cualquiera. Por el contrario, muestra que cambiar el alquiler por un barco sustituye unos gastos por otros. La recompensa, en su caso, está en habitar el entorno donde siempre guardó sus mejores recuerdos.
Fuente: Clarín
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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