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Milei y Malvinas: el error de insultar a la ONU mientras reclama soberanía

El discurso presidencial ante la Asamblea General mezcló verdades sobre el organismo con utopías sobre la negociación con Gran Bretaña por las islas.

Redacción••3 min de lectura
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Milei, entre verdades y mentiras

El presidente Javier Milei calificó de inútil a las Naciones Unidas durante su discurso ante la Asamblea General, en el mismo momento en que reclamaba la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. La descripción del organismo como inservible no es falsa, pero constituyó un error político en plena ofensiva diplomática por el archipiélago usurpado hace casi 200 años. El mandatario osciló entre la verdad y la utopía sin reconocer que la ONU, aun con sus fallas, sigue siendo el único ámbito donde los países pueden negociar los grandes conflictos globales.

La Asamblea General fue la que reconoció durante el gobierno de Arturo Illia, gracias a la gestión de su canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz, que existía un conflicto por Malvinas y que Gran Bretaña y la Argentina debían sentarse a negociar. Esa misma Asamblea pidió después que las partes no explotaran los recursos naturales mientras no hubiera acuerdo. Gran Bretaña desobedeció esos mandatos, pero las resoluciones le sirven al país desde hace casi 60 años para reclamar un diálogo serio.

Milei tampoco distinguió entre el Consejo de Seguridad, que lleva la conducción fáctica del organismo, y la Asamblea General, donde habló. La indiferencia ante los mandatos es responsabilidad del Consejo, y a él debió apuntar el Presidente. Gran Bretaña es miembro permanente con derecho a veto. Cambiar ese equilibrio injusto es lo que debió pedir, sin insultos ni adjetivos.

No es imposible negociar con los gobernantes británicos, porque ellos mismos reconocen en la intimidad que el conflicto existe

El problema es cómo se negocia y por dónde se empieza. Es improbable que los británicos acepten comenzar un diálogo hablando de la soberanía. Ese es el final de las conversaciones, no el principio. Existe un antecedente durante la gestión de Guido Di Tella y su vicecanciller Andrés Cisneros, que indica que los acuerdos pueden avanzar si se hacen en reserva y sin prepotencias.

Di Tella y Cisneros elaboraron con el gobierno de Tony Blair un borrador de preacuerdo que señalaba que la relación entre ambas naciones sería de cooperación y no de confrontación. Plantearon una "confrontación pacífica" que se resolvería con la participación de una potencia mundial, en alusión a Estados Unidos. Llegaron a hablar de un eventual acuerdo similar al que Gran Bretaña firmó en 1984 con China por Hong Kong.

El kirchnerismo hizo de las Malvinas una cuestión electoral, pendenciera y meramente declarativa

Cuando el gobierno de Menem estaba por terminar, los británicos prefirieron esperar a saber quién lo sucedería. Fernando de la Rúa continuó el diálogo bilateral, pero su gobierno se mostró frágil y los británicos tomaron distancia. Tras el colapso de 2001, el kirchnerismo convirtió Malvinas en una cuestión electoral y declarativa. No consiguió nada. Los borradores de aquel preacuerdo llegaron a todos los cancilleres y presidentes posteriores. Versiones diplomáticas aseguran que la primera canciller de Milei, Diana Mondino, tuvo esos papeles y se los entregó al Presidente.

Milei está convencido de que su alianza con Donald Trump lo ayudará en su campaña por las Malvinas, que de todos modos no se resolverá en un año. Ese plazo es el que necesita para remontar la pendiente de la reelección, que ahora está en riesgo. Por eso copió la reacción de todos los gobiernos locales cuando tienen problemas internos: recurrir a las Malvinas porque toca el corazón de los argentinos. Pero resulta contradictorio pedirle a Trump que se pelee con los británicos por un territorio que no le pertenece, cuando el establishment político de Washington nunca olvidará que su principal aliado en el mundo es Gran Bretaña.

Por qué importa

El episodio debilita la posición diplomática argentina en el reclamo por Malvinas y puede haber herido la candidatura de Rafael Grossi a secretario general de la ONU.

Qué sigue

Habrá que ver si el Gobierno modifica su estrategia diplomática por Malvinas y si la candidatura de Grossi logra sobrevivir al discurso presidencial.

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