Poda de rosas en Argentina: cuándo hacerla y 6 claves para una floración abundante
El invierno es el momento ideal para podar los rosales; expertos detallan los pasos esenciales para lograr una primavera plena.

En la zona de Buenos Aires y alrededores, la poda principal de rosas se realiza entre julio y mediados de agosto, cuando la planta se encuentra en total reposo vegetativo. Este es el momento en que comienza la poda en el Rosedal de Palermo, uno de los espacios más visitados por los amantes de la jardinería en la ciudad.
La poda de invierno es una tarea sencilla que determina la calidad de la floración durante toda la primavera. A continuación, los seis puntos clave para realizarla de manera correcta y obtener resultados rápidos y efectivos.
1. Elegir el momento justo: la poda se realiza cuando el rosal perdió sus hojas y entró en reposo, generalmente entre julio y agosto según la región. Podar antes de tiempo puede exponer los nuevos brotes a heladas tardías, mientras que hacerlo demasiado tarde reduce el tiempo de recuperación antes de la floración.
2. Preparar las herramientas: es fundamental usar tijeras de podar bien afiladas y desinfectadas, para evitar cortes irregulares que dañen el tejido vegetal o transmitan enfermedades de una planta a otra.
3. Identificar las ramas a cortar: se deben eliminar las ramas secas, débiles, cruzadas o que crecen hacia el centro de la planta, dejando solo entre tres y cinco tallos principales, sanos y fuertes.
4. Realizar el corte correcto: el corte debe hacerse en bisel, a pocos milímetros por encima de una yema sana orientada hacia afuera de la planta. Esto favorece que los nuevos brotes crezcan hacia el exterior, mejorando la aireación y la forma del arbusto.
5. Cuidados posteriores a la poda: después de podar, es aconsejable retirar las hojas caídas alrededor de la planta, incorporar compost o abono orgánico y regar moderadamente para acompañar la recuperación antes de la brotación de primavera.
6. Poda de mantenimiento durante el año: muchos jardineros realizan pequeños recortes de mantenimiento durante la primavera y el verano, retirando flores marchitas y ramas que crecieron de forma desordenada. Esta práctica, conocida como “deshije” o poda de limpieza, estimula la aparición de nuevas flores y mantiene prolija la forma general del arbusto.
La poda anual no solo mejora la estética del rosal: estimula el crecimiento de tallos nuevos, favorece la circulación de aire entre las ramas y reduce el riesgo de enfermedades fúngicas, lo que se traduce en una floración más abundante y saludable.
Podar las rosas en el momento adecuado es una de esas tareas de jardinería que, aunque simples, marcan una gran diferencia. Con las herramientas correctas y un poco de atención al calendario, cualquier rosal puede lucir pleno cuando llegue la primavera.
Para quienes recién empiezan, observar cómo se realiza la poda en espacios públicos como el Rosedal es una buena forma de perder el miedo a cortar de más y animarse a intervenir los propios rosales de casa.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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