Gastronomía

Puerto Cristal: la historia del gallego que abrió un restaurante sobre el río y hoy maneja su hija

José Luis Fernández llegó de Galicia en 1955 y en 1995 cumplió su sueño en Puerto Madero. Karina, abogada, tomó las riendas tras su enfermedad.

Redacción3 min de lectura
Llegó de Galicia en barco y cumplió el sueño de abrir un restaurante sobre el río

José Luis Fernández llegó a Buenos Aires desde Galicia en 1955, con 17 años, y a los 20 ya trabajaba en una pizzería de Plaza Italia. Cuatro décadas después, en octubre de 1995, cumplió el sueño que había tenido al ver la costa desde el barco: abrir un restaurante vidriado sobre el río. Así nació Puerto Cristal, uno de los primeros locales de Puerto Madero, cuando el barrio todavía no existía como tal.

Hoy el restaurante está a cargo de su hija, Karina Fernández, que hasta hace unos años era abogada y no cocinaba. Cuando su padre se enfermó, en 2004, dejó su estudio jurídico y se internó en la gastronomía. Durante los primeros seis años trabajó desde las siete de la mañana hasta pasada la medianoche.

La historia de José Luis es la de la colectividad gallega en Buenos Aires. El que empezaba de bachero y tenía pasta era apadrinado por el encargado, que lo promovía y lo mandaba a comandar otro local. Él hizo ese recorrido: iba en colectivo desde Valentín Alsina, hacía doble turno y dormía en el sótano de la pizzería para no volver a casa. Con los años fue encargado de San Carlos, en La Boca, y pasó por locales como El Chino, Callao 27, Torino Norte, Alameda y Oriente.

En 1995 compró sobre el río cuando no había nada. “Bajando por Corrientes, el único restaurante que estaba cuando inauguramos era Rodizio”, recuerda Karina. Puerto Cristal empezó como pizzería y después sumó pescados y mariscos. “Cuando venía la familia a comer, mi papá nos hacía sentar en las mesas que daban a las ventanas para mostrar que había mucha gente. Pero no había nadie, éramos sólo nosotros”, contó.

José Luis no quería que las mujeres de la familia entraran en la gastronomía. “Él solía decir que la mujer en la gastronomía no va”, sostuvo Karina. Hasta la enfermedad de su padre, ella era solo “la hija que va a comer”. Pero cuando él ya no pudo seguir al mando, ella asumió junto a su hermana Lorena, que quedó a cargo de la pizzería San Carlos de Caballito.

“Durante los primeros seis años llegaba a trabajar a las siete y me iba a la una de la mañana. Casi no veía a mis hijos”, afirmó. “De gastronomía lo único que sé es comer, pero si me enseñan y trabajamos juntos vamos a salir adelante”, les dijo a sus empleados el primer día.

El legado se extendió a toda la familia. Su hijo mayor, Rodrigo, tiene cuatro restaurantes en Málaga, entre ellos un Puerto Cristal. El menor, Federico, manejó una pizzería antes de irse a Italia. Su sobrino y su hija también trabajan en gastronomía. En el local siguen empleados históricos: Martín, encargado de compras, lleva 27 años, y el chef está en la cocina desde hace 31.

Puerto Cristal fue distinguido como “Restaurante icónico” de la ciudad. Su carta tiene un centenar de platos, con el pulpo a la gallega, la merluza negra y el ojo de bife entre los destacados. La estrella, según Karina, es la langosta traída de Cuba, que asegura es la única que se sirve en Buenos Aires, acompañada de centolla, langostinos, vieiras y caviar.

“Siempre, pese a todas las crisis del país, quise dar pelea. Incluso en plena pandemia armamos el salón, completamente vacío, pero con todas las luces prendidas y una botella de champagne en las mesas. Puerto Madero era un agujero negro durante el primer año del Covid, pero nosotros estábamos encendidos, como un faro”, remarcó.

Por qué importa

La historia condensa el aporte de la colectividad gallega a la gastronomía porteña y el recambio generacional en un rubro golpeado por las crisis. Puerto Cristal es además uno de los locales que acompañó la transformación de Puerto Madero desde un terreno vacío hasta el barrio más caro de la ciudad.

Qué sigue

El desafío para Karina Fernández es sostener la vigencia del restaurante en un contexto de caída del consumo y costos crecientes. La distinción como "Restaurante icónico" y la langosta cubana funcionan como diferenciales, pero la continuidad familiar dependerá de si la próxima generación, hoy dispersa entre Argentina, Italia y España, vuelve al negocio.

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