Emprendimiento

Quimili Paso: la localidad que recuperó sus oficios ancestrales con una reserva natural

A 200 kilómetros de la capital santiagueña, la asociación Adobe y el taller de Renzo Galeano transformaron un pueblo forestal abandonado en un destino de turismo sustentable.

Redacción2 min de lectura
Quimili Paso: la localidad que recuperó sus oficios ancestrales con una reserva natural
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A unos 200 kilómetros al este de la capital santiagueña, en el paraje de Quimili Paso, un pequeño pueblo ha logrado revertir el abandono que caracterizó a los municipios forestales de la región. La iniciativa combina la recuperación de especies nativas, la preservación de saberes ancestrales y emprendimientos artesanales que atraen viajeros de distintos puntos del país.

El éxito de esta transformación se sostiene en dos pilares: la llegada de la asociación civil Adobe a principios de este siglo, impulsada por Andreina Bassetti de Rocca (fallecida en 2024 a los 99 años), y el taller de ebanistería de Renzo Galeano, cuyas piezas de mobiliario en madera nativa trascendieron los límites provinciales.

La provincia de Santiago del Estero es el principal productor de carbón vegetal del país. Durante décadas, la extracción de quebracho blanco, algarrobo e itín alimentó al ferrocarril, la industria y, finalmente, los asados argentinos. Pero esa tradición dejó un costo ambiental severo: el desmonte. Varios pueblos de Chaco, Formosa, Santa Fe y Santiago del Estero crecieron como centros forestales y fueron abandonados cuando el recurso natural comenzó a escasear.

Cuando Adobe adquirió 1.830 hectáreas en Quimili Paso, vivían allí 27 familias. La asociación regularizó los títulos de tierra de cada una y fomentó emprendimientos autosustentables. En 2004 instalaron una posta sanitaria con alcance rural, un vivero nativo con más de 4.500 plantines y la reserva Amílcar Romeo, dedicada a recuperar especies autóctonas: sachacabra, pecarí de collar, oso hormiguero y oso mielero.

El trabajo se extendió a otras áreas. Abrieron una huerta, iniciaron producción de miel y cultivaron un tunal para elaborar mermeladas. En las escuelas locales implementaron talleres para recuperar técnicas ancestrales de talla de madera, tejido y cerámica. En 2006, consagraron una nueva capilla de adobe diseñada según inspiración en otra construcción de la familia Galeano, ubicada en San Nicolás.

La otra historia de Quimili Paso comenzó en los años 90, cuando don Boli (Néstor Raúl Galeano) se cruzó con Ricardo Paz, gestor de iniciativas sobre la riqueza forestal santiagueña. Su hijo Renzo escuchó esas charlas de pequeño y aprendió a valorar piezas antiguas. Comprendió que, actualizando el diseño, podía acceder a un mercado mucho más amplio.

Hace una década se independizó y cinco años atrás abrió un showroom de adobe junto a la ruta, cerca de Colonia Dora. Utiliza algarrobo seco en pie para piezas grandes y chañar para sillas y sillones. "El chañar para muchos es plaga y para nosotros es una bendición", explica Renzo. Según la tradición que rescata, la madera de chañar dura cien años si se corta en luna en cuarto menguante, entre mayo y junio.

Su esposa, Lara Lladhon, elabora textiles bajo la marca Pintuna y exhibe baetones antiguos —colchas tejidas en telar criollo— de su colección. El espacio funciona como galería donde conviven piezas de diseño actual con reliquias que documentan una tradición textil legada por generaciones.

Para visitar la reserva, la capilla y la huerta es recomendable contactar con anticipación y evitar el verano por las altas temperaturas. Teléfono: (3844) 58-6403 (Diego Flamenco). Desde Buenos Aires: (11) 2554-5504.

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