Arquitectura

Reformaron un chalet de los 80 en Acassuso: 800 m2 con alma de época y funcionalidad actual

Mariana y Hernán dejaron atrás el ida y vuelta por Panamericana y convirtieron una casa compartimentada en una vivienda contemporánea con ambientes integrados.

Redacción••3 min de lectura
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Cansados de la casa de fin de semana, apostaron por una nueva vida en Acasusso

Mariana y Hernán vivían entre un departamento en Retiro y una casa de fin de semana en zona norte. El ida y vuelta por Panamericana les consumía demasiado tiempo, así que empezaron a buscar una casa para instalarse. No encontraban ninguna que les cerrara hasta que apareció un antiguo chalet en Acassuso que Mariana había visto en venta durante años, cuando iba a fútbol. Fue Hernán quien propuso visitarlo.

La propiedad tenía 800 metros cuadrados cubiertos y 2500 metros cuadrados de jardín. El matrimonio, ella artista y él abogado, ya había comprado y reformado varias casas. Esta vez el objetivo era distinto: cambiar la rutina familiar y dejar de repartirse entre dos hogares.

Convocaron al arquitecto Guillermo Radovic y en un año transformaron la vivienda. En la primera reunión se plantearon si la demolían o la reciclaban. "Enseguida estuvimos de acuerdo en hacer la reforma; tenía un potencial único", dice el profesional.

La casa era sólida, pero arrastraba la funcionalidad, la distribución, las alturas y la climatización de los años 80. El desafío fue preservar los elementos que le daban identidad y convertirla en una vivienda contemporánea. "Como el interior estaba muy compartimentado, lograr ambientes espaciosos, luminosos y abiertos fue uno de los focos de la reforma. Ampliamos la altura de todas las ventanas, lo que maximizó ese efecto al conectar el adentro con el enorme jardín", explica Radovic.

El living comedor y la cocina se integraron por completo en un gran ambiente social de 15 por 6 metros. Sus extremos, el mueble del living y el de la cocina, dialogan porque comparten los mismos materiales y lenguaje. La pileta también se amplió: pasó de los 4x8 metros originales a los 17x5, revestida de travertino al agua pulido.

Con los chicos ya adolescentes, las rutinas se pisaban en el espacio integrado. Por eso sumaron una segunda cocina auxiliar para que cada uno disfrute de sus tiempos y encuentros. "Ubicar las obras es de lo primero que hago al mudarme", asegura Mariana sobre su colección de arte, que encuentra nuevos sentidos al reordenarse.

En la planta alta había muchos cuartos chicos, bajos y compartimentados. Al demoler muros y desmontar cielos rasos consiguieron espacio valioso. Ahora la salida de la escalera reúne el escritorio de Mariana con el family. Hernán propuso abrir una nueva ventana para unir visualmente el frente y el contrafrente, lo que potenció la espacialidad.

La suite principal ocupa la misma superficie que antes, pero demolieron los muros divisores y desmontaron el cielo raso. Así descubrieron la angularidad del techo e integraron el vestidor. También mantuvieron la chimenea con un nuevo frente y el baño fue tratado con estética propia: piso, mesada y muros revestidos en mármol, con techos cubiertos por chapa plegada.

Para su taller, Mariana eligió grandes ventanales que miran al jardín. Pintora y escultora, armó el espacio desde cero demoliendo un depósito y haciendo un módulo nuevo. "Siempre tuve el taller en un garage y ahora quería un espacio que no se mezclara con la vida cotidiana de la familia", cuenta.

Por qué importa

El caso muestra cómo el reciclado de casas antiguas en zona norte gana terreno frente a la demolición: preservar la identidad de una vivienda de los 80 puede convivir con funcionalidad contemporánea y ahorrar tiempo de obra.

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