Salud

SIBO e IMO: qué son, cómo se detectan y por qué se confunden con el colon irritable

El gastroenterólogo Facundo Pereyra explica las diferencias entre ambos cuadros, quiénes tienen mayor riesgo y por qué el test de aliento puede fallar en hasta un 40% de los casos

Redacción••3 min de lectura
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Facundo Pereyra, médico gastroenterólogo: “El SIBO puede dar diarrea o constipación; el tipo de bacterias importa”

La distensión aparece después de comer, aunque la comida haya sido liviana. Los gases son constantes y el ritmo del baño cambia sin lógica: diarrea, varios días sin nada, diarrea otra vez. Después de meses o años de análisis que no arrojan un problema concreto, muchos pacientes llegan al consultorio con una hipótesis propia: SIBO o su pariente menos conocido, el IMO.

El SIBO (por sus siglas en inglés, Small Intestinal Bacterial Overgrowth) ocurre cuando bacterias que deberían estar en el colon migran al intestino delgado y se instalan allí en cantidades anómalas. Esa fermentación prematura genera gas, inflamación y síntomas variados. El IMO (Intestinal Methanogen Overgrowth) es similar, pero los microorganismos involucrados no son bacterias sino arqueas, que producen metano en lugar de hidrógeno.

El médico gastroenterólogo Facundo Pereyra, autor del libro SIBO. Guía práctica para recuperar el equilibrio intestinal, resume la diferencia central: “El SIBO es de predominio diarrea, porque estas bacterias producen gas hidrógeno en la fermentación, y ese hidrógeno irrita y da diarrea. En cambio, el gas metano que producen las arqueas del IMO produce más tendencia a la constipación”.

Durante años, estos cuadros quedaron diluidos dentro del síndrome de intestino irritable, porque los síntomas se superponen. Pereyra sostiene que la relación entre ambas condiciones es compleja: “A veces hay un mal diagnóstico de colon irritable y en realidad es SIBO o IMO que, al tratarse, desaparece. Pero la mayor parte de las veces coexisten: hay un colon sensible con paso de bacterias hacia arriba, entonces el paciente empeora sus síntomas y mejora medianamente con el antibiótico porque no se corrige la patología de base”.

No cualquiera desarrolla estos cuadros. Entre los grupos con mayor predisposición, el especialista menciona a “los diabéticos, los pacientes que toman omeprazol, los constipados, quienes tuvieron cirugías abdominales, los hipotiroideos, la gente con mucho estrés y los trastornos de motilidad del intestino”.

La herramienta más usada para el diagnóstico es el test de aliento: el paciente ingiere una solución de glucosa o lactulosa y se miden los gases que exhala. Un resultado de hidrógeno igual o superior a 20 partes por millón antes de los 90 minutos sugiere SIBO; si solo hay metano igual o superior a 10 partes por millón, el cuadro apunta al IMO. Los especialistas recomiendan medir ambos gases para un diagnóstico completo.

El test es accesible y no invasivo, pero tiene límites. “Hay un 30 o 40% de falsos positivos. Mucha gente se hace el test, le dicen que tiene SIBO o IMO y en realidad no lo tiene”, advierte Pereyra. Para él, lo importante es acompañar la evolución individual del paciente en lugar de guiarse solo por el resultado.

El eje del tratamiento son los antibióticos. La rifaximina es la opción de elección porque actúa localmente en el intestino con mínima absorción sistémica. Para el IMO se combina con neomicina. Pero el antibiótico por sí solo no alcanza: “Muchos casos vienen por estrés o intolerancias alimentarias al gluten, a los lácteos o al azúcar que no se detectan. Por eso recomendamos acompañar el tratamiento con cambios en la alimentación. Solo si el paciente no mejora hacia el día 10 indicamos el antibiótico”.

En cuanto a la dieta, la más recomendada es la baja en FODMAP, un grupo de carbohidratos fermentables presentes en el ajo, la cebolla, el trigo, ciertas frutas y lácteos. Reduce la fermentación y alivia los síntomas, pero no cura el SIBO ni el IMO. Por ser muy restrictiva, se desaconseja su uso prolongado por sus posibles consecuencias sobre el estado nutricional y la microbiota.

Las recaídas son frecuentes. “A veces hay que volver a dar antibiótico, y a veces hay que sumar procinéticos, prebióticos o probióticos”, explica Pereyra. El especialista insiste en que sospechar SIBO o IMO no habilita a automedicarse ni a seguir protocolos de internet: “Muchas veces son experiencias de una persona que no son replicables en otra”.

Por qué importa

Miles de pacientes conviven durante años con síntomas digestivos mal diagnosticados como colon irritable cuando en realidad tienen SIBO o IMO. Distinguirlos cambia el tratamiento y evita años de dietas y análisis sin resultado.

Qué sigue

Pereyra participará del Bienestar Fest el domingo 25 de octubre, donde presentará su guía práctica sobre SIBO. El desafío pendiente es mejorar la precisión del test de aliento para reducir los falsos positivos.

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