Eje intestino-ojo: cómo influye la microbiota en la salud visual
La oftalmología integrativa analiza el contexto general del paciente para tratar enfermedades oculares crónicas.

La oftalmología integrativa propone una mirada más amplia: el médico no solo examina los ojos, sino también el contexto general del paciente. “Esto es para reconocer cuáles son las bases que hacen que se mantengan ciertas enfermedades, sobre todo las que son crónicas y degenerativas”, explica la oftalmóloga clínica Julia Elena Scocco, del Sistema de Atención Médica para la Comunidad (SAMCo) de Fighiera, Santa Fe.
La especialista señala que hay una tendencia actual a tomar a la persona como un todo, por lo que considera importante tratar problemas de alimentación y estrés además de los oculares. “O sea, hasta donde se puede, tratarlo uno, pero también poder hacer un tratamiento interdisciplinario y abarcativo con psicología, gastroenterología o nutrición”, sostiene.
En ese marco, describe el llamado eje intestino-ojo, una conexión entre la microbiota intestinal y los ojos. “Cuando esta microbiota se desequilibra —lo que llamamos disbiosis—, empieza a comunicarse con los distintos órganos a través de diferentes vías”, detalla. Entre esas vías menciona la neural, a través del nervio vago; la hormonal y metabólica; y la inmunológica.
“El estrés aumenta hormonas como el cortisol, que puede alterar la microbiota y aumentar la permeabilidad intestinal. Las distintas toxinas que se van generando en el intestino provocan una inflamación sistémica que afecta a todos los órganos, inclusive el ojo”, explica. Y agrega que hay estudios científicos que vinculan la disbiosis con enfermedades como la degeneración macular, el ojo seco refractario, la retinopatía diabética, el glaucoma y la uveítis.
En cuanto a la vía inmunológica, Scocco remarca que el intestino es uno de los órganos con mayor actividad inmunológica del cuerpo. “Cuando hay disbiosis, el sistema inmune puede activarse de manera excesiva y favorecer procesos inflamatorios sistémicos. Esa inflamación puede impactar en tejidos oculares muy sensibles, como la retina o la superficie ocular”, afirma.
La retina consume más oxígeno que el cerebro, por eso es tan vulnerable a la inflamación. “Por eso hay pacientes a los que les dan millones de gotas distintas y siguen teniendo ojo seco, porque tienen esta inflamación de base”, asegura. Y añade: “Cuidando la microbiota de nuestro intestino, estamos cuidando la salud ocular e incluso la salud general”.
Para detectar la inflamación, el interrogatorio es clave: síntomas como hinchazón abdominal, constipación, diarrea o intolerancias alimentarias pueden indicar un intestino permeable. El siguiente paso es intervenir con cambios en la dieta y, si es necesario, derivar a un nutricionista o gastroenterólogo, ya que algunas disbiosis requieren antibióticos.
La especialista aclara que los tratamientos convencionales no se reemplazan: el ojo seco sigue tratándose con gotas lubricantes, y la degeneración macular con inyecciones intravítreas. “Una cosa no invalida la otra. Esto lo complementa para que no siga avanzando la enfermedad”, remarca.
Para prevenir la inflamación, recomienda mantener buenos hábitos: actividad física, tomar antibióticos solo con indicación médica y una alimentación rica en fibras, frutas y verduras, reduciendo ultraprocesados. Además, sugiere consumir antioxidantes y probióticos.
Fuente: Clarín
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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