Alerta global por la IA: de la profecía de Terminator al impacto en las aulas argentinas
Un exinvestigador de Anthropic y OpenAI advirtió que la inteligencia artificial podría matarnos antes de 2030, mientras los expertos piden debatir su regulación y su efecto en la educación.

Las advertencias apocalípticas sobre los riesgos de la inteligencia artificial (IA) volvieron al centro de la escena. El exinvestigador tecnológico de Anthropic y OpenAI Jacob Coxon vaticinó que “la IA podría matarnos a todos” antes de que termine la década de 2030. Su profecía no se apoya en robots humanoides con armas láser, como en la saga Terminator, sino en un fenómeno técnico llamado “automejora recursiva”: la capacidad de un sistema avanzado de diseñar versiones de sí mismo cada vez más poderosas, hackear infraestructuras críticas y provocar desastres biológicos o cibernéticos a escala global.
La advertencia de Coxon no está sola. El jefe de seguridad de Anthropic, Evan Hubinger, estimó que hay más de un 10% de probabilidades de que la IA termine matando a todos los seres humanos en la próxima década si esos sistemas escapan al control humano. La misma empresa informó que frustró varios complots en los que se usaron sus modelos para el potencial desarrollo de armas biológicas.
En la Argentina, la consultora BTR Consulting difundió su Informe Cibercrimen 2026, que concluye que la IA está acelerando la industrialización del delito. Los ciberdelincuentes la emplean para generar contenido fraudulento, automatizar ataques y campañas de ingeniería social, descubrir vulnerabilidades y optimizar intrusiones. La automatización permite que esas operaciones funcionen de modo permanente, sin restricciones horarias y con capacidad de adaptación continua.
Frente a este panorama, distintos países intentan regular la IA. La Unión Europea encabeza el esfuerzo con la AI Act, que prohíbe prácticas que vulneren derechos fundamentales, el reconocimiento biométrico masivo en tiempo real y la manipulación del comportamiento, además de imponer auditorías de transparencia. En Estados Unidos, una ley de producción de defensa obliga a las empresas a informar al Estado cuando entrenen modelos masivos que puedan representar un riesgo biológico, nuclear o cibernético. China fijó un modelo centralizado a través de la Administración del Ciberespacio, donde los algoritmos no pueden operar si muestran signos no alineados con los valores que impone el Estado.
La propuesta del gobierno de Javier Milei se ubica en el extremo opuesto. Su estrategia no se basa en restricciones estatales, sino en eliminar regulaciones para atraer inversiones tecnológicas y transformar a la Argentina en un polo global de la IA. En un artículo publicado en Financial Times, el presidente sostuvo que Buenos Aires debe convertirse para la IA en lo que Ámsterdam fue para la navegación desde el siglo XVII. Propuso reformar la ley de sociedades anónimas para crear corporaciones no humanas o automatizadas, operadas por agentes de IA, algoritmos o robots, sin obligación de contar con directivos o empleados humanos. La iniciativa recibió críticas del historiador israelí Yuval Harari, quien advirtió sobre el riesgo de generar “zonas de impunidad programada” donde entidades no humanas tomen decisiones corporativas sin responder con su propio cuerpo o patrimonio por eventuales delitos.
Más allá de la ciencia ficción, el desafío más urgente parece estar en la educación. Los resultados de las últimas pruebas PISA mostraron que los estudiantes argentinos de 15 años obtuvieron bajos desempeños. Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, señaló que aquellos alumnos que usaron con más frecuencia la IA para resolver sus tareas escolares tuvieron peores resultados al interpretar un texto o resolver problemas matemáticos sin asistentes virtuales.
El debate, entonces, excede a Terminator. Como en Wall-E, la advertencia pasa por la automatización desmedida y el riesgo de que la humanidad quede rehén de sus propias creaciones. Especialistas reclaman una convocatoria amplia que incluya a filósofos, tecnólogos, juristas, psicólogos y educadores para sentar las bases de una política de Estado que permita aprovechar la revolución sin quedar atrapados por la incertidumbre.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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