Psicología

Andrea Guijarro, psicóloga humanista: cómo convertir una discusión en conversación

La especialista propone dejar de buscar culpables y hablar desde la vulnerabilidad para transformar los conflictos cotidianos.

Redacción••2 min de lectura
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Andrea Guijarro, psicóloga humanista: “Si quieres transformar una discusión en conversación, deja de tener razón y empieza a tener verdad”

¿Quién no sintió alguna vez que una conversación se le va de las manos? Que lo que iba a ser una charla termina convertida en una batalla, y encima con alguien a quien queremos. La psicóloga humanista Andrea Guijarro aborda ese problema en un video difundido en su cuenta de Instagram, @andreaguijarroj, y plantea una idea central: las discusiones no se originan tanto en lo que se dice sino en el lugar desde donde se dice.

“Nadie nos enseñó a hablar desde el amor, pero sí a defendernos, a tener razón, a hablar desde el miedo, y no desde la verdad”, sostiene Guijarro. Según la especialista, el tono, la intención y la herida de fondo determinan el rumbo de cualquier intercambio, incluso antes de que se pronuncie la primera palabra.

El mecanismo es casi automático. Cuando alguien habla desde el dolor o el reproche, el otro se protege, se encierra y se defiende. En cambio, cuando habla desde el sentir y la vulnerabilidad, sin atacar, aparece la posibilidad real de ser escuchado. Para graficarlo, Guijarro compara dos frases cotidianas: no es lo mismo decir “tú nunca me haces caso” que decir “me siento ignorada cuando no me mirás al hablar”. El fondo puede parecer el mismo, pero la forma cambia todo.

“Si querés cambiar las discusiones por conversaciones, dejá de buscar culpables y empezá a compartir tu experiencia”, propone la psicóloga. La consigna apunta a correr el eje del reproche hacia la manifestación de lo que cada uno siente, un movimiento que reconoce como incómodo: muchas veces duele más mostrar lo que sentimos que soltar un grito, y da más miedo decir “me dolió” que levantar la voz.

Guijarro insiste en esa dirección. “En vez de exigir, compartí lo que sentís. En vez de atacar, pedí desde la vulnerabilidad”, afirma. Y agrega: “El problema no es lo que decís, es cómo lo decís, y eso lo puede cambiar todo”.

Su mensaje no propone callarse ni complacer al otro. Apunta a algo más profundo: aprender a estar en el conflicto sin perderse en él, entender que no hace falta tener razón para tener verdad y que el objetivo no es ganar una discusión sino encontrarse en el medio de ella. La psicóloga se suma así a otras voces que reivindican una comunicación más empática y consciente, no perfecta pero sí más honesta.

El planteo deja una idea simple y difícil a la vez: dejar de hablar para defenderse y empezar a hablar para entenderse.

Por qué importa

La propuesta ofrece una herramienta concreta para los conflictos cotidianos de pareja, familia o trabajo: correr el foco del reproche hacia la expresión de lo que se siente puede evitar que una charla derive en pelea.

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