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Antonio Machado y su duda sobre Epicuro: por qué la lógica no alcanza para vencer el miedo a morir

En Juan de Mairena, el escritor español retomó el argumento del filósofo griego sobre la muerte, pero puso en duda que un razonamiento baste para eliminar la angustia.

Redacción••3 min de lectura
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Antonio Machado y su duda sobre Epicuro: por qué la lógica no alcanza para vencer el miedo a morir

Antonio Machado, el escritor español nacido en Sevilla en 1875 y muerto en el exilio en Collioure, Francia, en 1939, retomó en su obra Juan de Mairena una idea de Epicuro sobre la muerte, pero no la presentó como una solución definitiva al miedo humano. El pasaje, reunido en libro en 1936, atribuye al filósofo griego la frase "de la muerte decía Epicuro que es algo que no debemos temer".

La paradoja que resume el planteo sostiene que mientras existimos la muerte no está presente, y cuando llega ya no existimos para experimentarla. Sin embargo, Machado no se conformó con esa respuesta lógica y la sometió a discusión a través de su profesor ficticio.

Epicuro desarrolló el argumento en la Carta a Meneceo. Su punto de partida es que el bien y el mal dependen de la sensación y que la muerte implica la ausencia de sensación. Por eso consideraba en vano sufrir por adelantado ante un estado que nunca se experimentará de manera consciente.

Juan de Mairena es un profesor apócrifo creado por Machado. A través de ese personaje, el autor ensaya ideas, ironiza y discute certezas. Después de recordar a Epicuro, Mairena se pregunta si el razonamiento basta para separar la muerte de la vida cotidiana.

La duda cambia el sentido del fragmento. Machado no se limita a repetir una máxima tranquilizadora: examina la distancia entre comprender una idea y dejar de sentir temor. El personaje sostiene que no es fácil "saltarse la muerte a la torera", una imagen que cuestiona cualquier consuelo demasiado rápido.

La muerte puede no ser una sensación posterior a la vida, pero su posibilidad afecta decisiones, vínculos y recuerdos mientras una persona está viva. También existe el miedo al proceso de morir, al dolor o a la separación de otros. El argumento de Epicuro se concentra en la ausencia final y no resuelve necesariamente esas experiencias previas.

Los textos de Juan de Mairena aparecieron primero en publicaciones periódicas y fueron reunidos en 1936 bajo el título Juan de Mairena: sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. La elección de un profesor ficticio permite que Machado dialogue consigo mismo: Mairena formula sentencias y enseguida introduce preguntas o contradicciones.

Esa estructura importa en este caso porque tomar únicamente la frase inicial transforma un debate en una afirmación cerrada. Para una lectura cercana a la literatura y el pensamiento, se puede consultar el análisis de una frase de Toni Morrison sobre el poder y la opresión, que también parte de una cita para abrir una reflexión más amplia.

Machado vivía entonces en Madrid y enseñaba francés. Tras el comienzo de la Guerra Civil española, se trasladó a Valencia y Barcelona. En enero de 1939 cruzó la frontera hacia Francia y llegó a Collioure, en el departamento de Pirineos Orientales, donde murió el 22 de febrero. Su biografía muestra que la reflexión sobre la muerte no fue escrita desde un único lugar ni debe confundirse con el escenario final de su exilio.

La idea de Epicuro puede servir para distinguir la muerte como ausencia de experiencia del temor que se siente durante la vida. Machado agrega una cautela: una demostración lógica no elimina de manera automática la angustia, porque la conciencia de la finitud acompaña a las personas antes del final.

Esa tensión explica la vigencia del pasaje. Una lectura fiel no necesita adjudicar a Machado una frase que él atribuyó a otro. Su aporte está en recuperar el argumento de Epicuro, colocarlo en boca de Mairena y exponer sus límites. Para quienes siguen el vínculo entre literatura y filosofía, el Festival Borges 2026 propone otra puerta de entrada a los grandes autores de lengua española.

Por qué importa

La reflexión de Machado sigue vigente porque separa dos planos: entender intelectualmente que la muerte no se experimenta y, aun así, sentir miedo. Esa distancia entre razón y emoción es la que el autor pone en discusión.

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