Economía Agrícola

Brasil multiplicó su producción agrícola por 11 en cuatro décadas: la comparación con Argentina

Un estudio del Cippec detalla cómo la combinación de tierras, crédito, tecnología y reglas de largo plazo impulsó el salto productivo brasileño.

Redacción4 min de lectura
De 15 a 169 millones de toneladas: cómo Brasil transformó su agricultura en cuatro décadas y dónde quedó la Argentina

Brasil pasó de producir 15 millones de toneladas de soja en 1980 a 169 millones en 2025, un crecimiento que lo consolidó como una de las principales potencias agropecuarias del mundo. Detrás de ese salto hubo una combinación de factores: disponibilidad de tierras, financiamiento, inversión en tecnología y reglas de juego estables.

Un análisis del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), elaborado por Paula Szenkman e Iván Ordóñez, reconstruyó esa transformación productiva. El estudio destaca que la expansión territorial fue clave: en los años 80, la producción se concentraba en el sur, pero luego avanzó hacia el Centro-Oeste, donde las tierras eran más baratas.

En el año 2000, una hectárea en el Centro-Oeste costaba un 56% menos que en el sur: 3,4 mil reales contra 7,8 mil reales, en valores constantes de diciembre de 2025. Esa diferencia incentivó el traslado de productores hacia nuevas zonas. Para 2024, la brecha se redujo al 16%, con valores de 36.000 reales en el Centro-Oeste y 41.800 reales en el sur.

El Centro-Oeste, que en los años 80 tenía una participación reducida en la superficie agrícola, pasó a concentrar alrededor del 45% del área sembrada del país. Sin embargo, la disponibilidad de tierra fue solo una parte del fenómeno. Según Ordóñez, durante 25 años el productor brasileño de soja obtuvo, en promedio, una facturación por hectárea cercana al doble de la registrada por el productor argentino.

“Entre 2002 y 2025, por cada tonelada vendida, el productor argentino recibió en promedio el 60% de lo percibido por uno brasileño en soja, el 65% en maíz y el 72% en trigo”, indicó el economista. En soja, la facturación por hectárea argentina fue apenas el 53% de la brasileña. Esa diferencia influyó en las decisiones de inversión: mientras en Brasil se consolidó una agricultura orientada a reinvertir y expandir la producción, en la Argentina se desarrolló una estrategia más defensiva.

El financiamiento fue otro pilar. A medida que aumentó la superficie sembrada, el volumen de crédito disponible creció a una velocidad aún mayor. Una de las herramientas fue la Cédula de Produto Rural (CPR), un mecanismo privado que permite usar la producción agrícola como garantía, incluso cultivos en pie. A eso se sumó el Crédito Rural, un programa público de subsidio de tasas de interés, cuyo costo promedio para el gobierno federal fue de unos 3000 millones de dólares anuales, equivalentes a cerca de 53 dólares por hectárea.

En contraste, el Estado argentino recaudó en promedio unos 5000 millones de dólares por año solo por derechos de exportación vinculados con el agro. La inversión en investigación, desarrollo y tecnología también marcó la diferencia. La expansión hacia el Cerrado implicó trasladar cultivos a zonas tropicales con suelos ácidos, y en una primera etapa tuvieron un papel decisivo los organismos públicos y las asociaciones de productores.

Con el crecimiento del negocio y un marco de protección de la propiedad intelectual, aumentó la participación de las empresas. El gasto en agroquímicos por hectárea pasó de unos 42 dólares a unos 240 dólares, y se duplicaron las dosis de fertilizantes. En soja, entre 2000-2003 y 2020-2024, el rinde en las zonas tradicionales de Brasil pasó de 2,6 a 3,2 toneladas por hectárea, un incremento del 24%. En las regiones de frontera aumentó de 2,9 a 3,6 toneladas, un 23%.

En la Argentina, en el mismo período, la región tradicional pasó de 2,9 a 3,3 toneladas de soja por hectárea, un 14%, mientras que en la zona de frontera la variación fue de 1,8 a 1,9 toneladas, apenas un 2%. Las diferencias son mayores en maíz: en las zonas de frontera brasileñas, el rendimiento pasó de 4,9 a 9,3 toneladas por hectárea, un salto del 89%. En la región tradicional de Brasil aumentó de 4,3 a 6,6 toneladas, un 52%. En la Argentina los incrementos fueron del 9% en la región tradicional y del 33% en las zonas de frontera.

El efecto combinado de más superficie y mayor productividad produjo un cambio de escala. Según las cifras presentadas, de los 102 millones de toneladas adicionales de soja, el 66% se explicó por la expansión de la superficie, que pasó de 8,7 millones a 47,6 millones de hectáreas. El 34% restante provino de la mejora de la productividad, que creció de 1700 a 3560 kilos por hectárea. En maíz, la cosecha aumentó de 20 millones de toneladas en 1980 a 132 millones en 2025, pero el 65% de ese crecimiento se originó en mejoras de productividad y el 35% restante en una mayor superficie.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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