Psicología

Carlos Pachuk: "Las aplicaciones producen encuentros fugaces que aumentan la soledad"

El psicoanalista analiza cómo la tecnología, la virtualidad y la deconstrucción transformaron la pareja y los vínculos amorosos en las últimas décadas.

Redacción••3 min de lectura
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Carlos Pachuk: “Las aplicaciones producen encuentros fugaces que pueden aumentar la sensación de soledad”

El psicoanalista Carlos Pachuk sostiene que las aplicaciones de citas y las redes sociales producen encuentros fugaces que pueden aumentar la sensación de soledad. En su libro Parejas en la deconstrucción, el especialista plantea que la tecnología universalizó las posibilidades de encuentro, pero también generó nuevas modalidades de vigilancia, desencuentro y aislamiento.

"Estar conectados —por WhatsApp, Instagram o un like— no garantiza un encuentro. El contacto no es equivalente al vínculo y la presencia digital no genera, por sí misma, intimidad", afirmó Pachuk. El autor advierte que la hiperconexión impone un pacto de disponibilidad absoluta: hay que responder rápido y la ausencia de respuesta puede derivar en celos digitales.

Para el psicoanalista, el amor y el deseo son constitutivos de cualquier relación, pero varían los dispositivos sociales que los canalizan. Durante la modernidad, la pareja estable era heterosexual, monogámica, duradera y con división de roles. El primer gran cambio de paradigma fue la fertilización asistida, que modificó una forma de reproducción milenaria basada en el coito heterosexual y habilitó el acceso a la maternidad y paternidad de parejas homosexuales y personas trans.

"Amar ya no equivale necesariamente a permanecer para siempre, sino a reconocer al otro como alguien no apropiable", explicó. En ese marco, las relaciones pueden ser más fugaces porque la paradoja de convivir con lo ajeno elimina certezas que no siempre resultan tolerables.

Pachuk señaló que la normalidad no desapareció, sino que cambió su estatuto. Ya no hay un patrón universal, sino normalidades múltiples y acuerdos vinculares que deben renegociarse a lo largo de la relación. La heterosexualidad dejó de ser la única norma y aparecieron nuevas configuraciones sexuales y afectivas.

Consultado sobre la violencia en los vínculos íntimos, el especialista remarcó que en la pareja crecen tanto el amor como el odio. "Hay violencias que durante mucho tiempo estuvieron naturalizadas: los celos, el control del otro, la imposición económica o sexual. Hoy ya no se consideran conflictos privados, sino situaciones cuestionadas y visibles socialmente", sostuvo.

El autor diferenció los casos de violencia mutua de aquellos donde hay un agresor y una víctima sin reciprocidad. "Con la palabra no siempre basta: en situaciones de violencia es necesario recurrir a un abordaje interdisciplinario y, muchas veces, institucional", aseguró.

Respecto de la deconstrucción de la pareja, Pachuk aclaró que no implica abandonar los modelos tradicionales, que siguen existiendo en distintas sociedades, sino dejar de considerar que hay una única forma natural y universal de estar en pareja. "Estamos saliendo de modelos más sólidos y eso genera mayor libertad, pero también más incertidumbre", indicó.

El psicoanalista también se refirió al vínculo entre humanos y tecnología. Planteó la posibilidad de una relación entre una persona y una máquina y advirtió que la inteligencia artificial puede convertirse en un tercero tecnológico dentro de la pareja, siempre disponible y capaz de intervenir en los conflictos.

"La cuestión fundamental es si esa máquina posee alteridad. Si no la posee, los seres humanos podrían preferir vínculos sin verdadera alteridad, lo que constituye una suerte de alimento para el narcisismo", concluyó.

Por qué importa

El avance de la tecnología y la inteligencia artificial reconfigura la intimidad y los modos de vincularse. Las nuevas generaciones enfrentan acuerdos afectivos más flexibles pero también más inciertos, con efectos concretos en la salud mental y la convivencia.

Qué sigue

El debate sobre la relación entre humanos y máquinas afectivas seguirá creciendo a medida que la inteligencia artificial se integre en la vida cotidiana. La pregunta sobre si una máquina puede tener alteridad será central en los próximos años.

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