Cáscaras de naranja en un parque de Costa Rica regeneraron el suelo con un 176% más de biomasa
Un estudio de Princeton confirmó que 12.000 toneladas de residuos cítricos transformaron un pastizal degradado en un bosque exuberante.

En 1997, un experimento poco convencional en el Área de Conservación Guanacaste, en Costa Rica, demostró que los residuos orgánicos pueden ser una herramienta de restauración ecológica. Una empresa de jugos depositó 12.000 toneladas de cáscaras y pulpa de naranja sobre un terreno degradado, y años después el área mostró un 176% más de biomasa leñosa que un sector vecino sin tratamiento.
La iniciativa fue impulsada por los ecólogos Daniel Janzen y Winnie Hallwachs, asesores del área protegida, quienes acordaron con la empresa Del Oro que esta pudiera usar unas tres hectáreas de antiguos pastizales para deshacerse de sus desechos orgánicos. A cambio, la compañía entregó terrenos boscosos de su propiedad para la conservación.
Entre 1998 y 1999, alrededor de 1.000 camiones descargaron las cáscaras y la pulpa sobre el suelo compactado y pobre en nutrientes. Sin embargo, el proyecto fue frenado por una demanda de la empresa competidora TicoFruit, que alegó contaminación. La Corte Suprema de Costa Rica falló en contra, y la parcela quedó abandonada durante unos 15 años.
En 2013, el investigador Timothy Treuer, de la Universidad de Princeton, se enteró del experimento y decidió visitar el lugar. Al llegar, encontró una transformación tan profunda que no reconoció el sitio: "Estaba tan cubierto de enredaderas y el bosque había vuelto a crecer de una manera tan exuberante que lo pasamos completamente por alto", explicó.
Junto con su colega Jonathan Choi, Treuer comparó científicamente el área tratada con una parcela control que no había recibido los residuos. Los resultados, publicados en la revista Restoration Ecology, mostraron que el área con cáscaras tenía un 176% más de biomasa leñosa y el triple de riqueza de especies de plantas leñosas. Además, el suelo presentaba mayores niveles de nutrientes y un dosel forestal más cerrado.
"Era difícil creer que la única diferencia entre las dos áreas fuera un montón de cáscaras de naranja. Parecían ecosistemas completamente diferentes", señaló Treuer. Durante el relevamiento, los investigadores hallaron una higuera de unos 90 centímetros de diámetro y fauna silvestre, evidenciando la recuperación del ecosistema.
El éxito se atribuye a la gran cantidad de materia orgánica que aportaron los cítricos al descomponerse, lo que mejoró la estructura del suelo y facilitó el establecimiento de vegetación. Treuer destacó que este es uno de los pocos casos de secuestro de carbono con costo negativo: "No es solamente beneficioso para la compañía y el parque: todos ganan".
No obstante, los investigadores advirtieron que el resultado no significa que se puedan arrojar residuos agrícolas indiscriminadamente sobre terrenos degradados. El experimento no fue replicado y cada ecosistema puede responder de manera distinta. Aun así, el caso de Guanacaste demostró que, bajo supervisión científica, los desechos industriales pueden convertirse en una herramienta de restauración ecológica.
Fuente: Clarín
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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