Justicia

Christa Pike: la primera mujer que será ejecutada en Tennessee en dos siglos

Condenada a muerte a los 18 años por un crimen atroz, su defensa busca que se consideren los abusos y la negligencia extrema que marcaron su infancia

Redacción••4 min de lectura
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Después de 200 años: un crimen atroz y una infancia abusiva, la primera mujer que será ejecutada en un estado de Estados Unidos en dos siglos

Una mujer de Tennessee, en Estados Unidos, será ejecutada el próximo 30 de septiembre, tras casi tres décadas en el corredor de la muerte. Se trata de Christa Pike, condenada a los 18 años por el asesinato de su compañera Colleen Slemmer, de 19, ocurrido el 12 de enero de 1995 en Knoxville. Será la primera mujer ejecutada en ese estado en dos siglos.

La sentencia original, dictada en 1996, la convirtió en la mujer más joven condenada a muerte en la historia moderna de Tennessee. La Justicia fijó la fecha de ejecución pese a los recursos presentados por su defensa, que sostiene que su historia de abusos sistemáticos nunca fue escuchada en el juicio.

El caso se remonta a un programa federal de capacitación laboral para jóvenes vulnerables, el Job Corps, donde Pike conoció a Slemmer. Allí también entabló una relación con Tadaryl Shipp, un joven que ejercía dominación sobre ella. El crimen ocurrió en ese entorno, marcado por una cultura de violencia e intimidación que la defensa describe como determinante.

La directora académica del Cornell Center on the Death Penalty Worldwide resumió el dilema ante The Guardian: "Si ejecutan a Christa Pike, se confirmará que la pena de muerte no está reservada para lo peor de lo peor, sino para los más dañados y vulnerables entre nosotros".

Detrás de la imagen de adolescente común que se vio durante el juicio se esconde una vida de abusos sexuales, físicos y emocionales extremos, según el informe psiquiátrico forense de 2023 de la doctora Bethany Brand. "La vida de Christa se caracterizó por la pobreza, el abuso sexual, físico y emocional extremo y crónico, así como por la negligencia en la infancia", escribió la especialista. "En comparación con las personas que he evaluado en más de 30 años de práctica clínica, el abuso y la negligencia infantil de Christa son verdaderamente extremos".

Desde bebé, su madre, Carissa, trabajaba turnos dobles y la dejaba al cuidado de su padre, Glenn Pike, desempleado y alcohólico. Testimonios de familiares incluidos en los peritajes describieron que Christa gateaba entre pilas de excremento de perro y platos sucios acumulados. La niña buscó afecto en su abuela paterna, Delfa, la única que se lo daba. Su propia madre lo admitió años después: "La abuela Delfa fue más madre para Christa que yo".

Cuando Christa cumplió dos años, Delfa se mudó con su nueva pareja, Ernest Johnson, quien la sometió a abusos sexuales. Para garantizar su silencio, la amenazaba con matarla a ella y a sus mascotas. También la castigaba encerrándola en la oscuridad de un gallinero, donde las arañas le caminaban encima y la picaban. Esa fobia la acompañó el resto de su vida.

En la escuela primaria, Christa intentó pedir auxilio: para una tarea dibujó a un hombre con "un pene enorme y rostro de demonio". Según un expediente de la Facultad de Derecho de Cornell, la maestra se horrorizó, la tomó bruscamente del brazo y la arrastró hasta la dirección. Nadie llamó a la policía ni a los servicios de protección infantil.

Más adelante, cuando su madre se iba a trabajar, quedaba al cuidado de la tía abuela Norma, que ya tenía un historial de violencia familiar. A Christa la castigaba obligándola a quedarse sentada durante horas en una bañera con agua helada. Cuando lloraba pidiendo agua, le daba Alka-Seltzer, un antiácido estomacal.

A los 11 años fue abusada por un vecino de 37, Claude Davis, conocido en el barrio por sus antecedentes de pedofilia. Christa intentó contárselo a su madre y a su hermana, pero ninguna le creyó. "Fue horrible. Me devastó que mi madre y mi hermana no me creyeran. Mi hermana dijo que estaba mintiendo", recordó en las entrevistas con Brand. "Eso me hizo sentir que no valía nada".

Solo cuando desarrolló una infección ginecológica grave a causa del abuso intervino una docente y se hizo la denuncia policial. Según The Guardian, el agresor se declaró culpable de cargos menores, obtuvo una pena en suspenso y volvió a vivir a pocos metros de la parada de colectivo a la que Christa iba cada mañana.

Su adolescencia no fue mejor. Su madre tuvo varias parejas problemáticas. Danny Thompson, por ejemplo, había fabricado un látigo de cuero que dejaba colgado en la pared como amenaza cotidiana y con el que la golpeaba. Christa recordó un episodio puntual: sabiendo que ella no sabía nadar, la tiró a una pileta para "enseñarle a la fuerza".

Más tarde, Steve Kyaw, otra pareja de su madre, la sometió a tocamientos y agresiones físicas directas. Cuando ella intentaba defenderse, él la atacaba verbalmente. También acumulaba cajas con material pornográfico en la vivienda, lo que para ella representó un acercamiento muy temprano a la sexualidad.

A los 12 años, la muerte de su abuela Delfa la sumió en una depresión profunda: fue entonces cuando intentó suicidarse por primera vez, con una sobredosis de medicamentos. Ya consumía alcohol y marihuana sin que nadie en su familia se lo impidiera.

Por qué importa

El caso reabre el debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos y sobre cómo el sistema judicial evalúa el trauma infantil como atenuante. Para sus defensores, la ejecución confirmaría que la pena capital alcanza a los más vulnerables, no a los peores criminales.

Qué sigue

La defensa aún puede presentar recursos de último momento ante tribunales federales para frenar la ejecución prevista para el 30 de septiembre. El gobernador de Tennessee podría conceder una conmutación de pena, aunque no hay señales de que vaya a hacerlo.

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