Dejaron las finanzas en Francia para salvar la granja familiar en Georgia
Una pareja abandonó su vida corporativa en Europa para rescatar Lily Hill Farm de la quiebra y la transformó en un negocio de venta directa.

Avery Claire Wrigglesworth y su esposo Marc dejaron atrás sus carreras en finanzas internacionales para regresar a Georgia y hacerse cargo de la granja familiar, que estaba al borde de la quiebra. En 2019, la pareja abandonó su vida en la isla de Jersey, frente a la costa de Francia, y asumió el control de Lily Hill Farm, una propiedad que pertenece a su familia desde hace tres generaciones.
La decisión llegó después de una llamada del padre de Avery, que rara vez pedía ayuda. “Él nunca pediría ayuda, a menos que realmente la necesitara”, recordó ella. La familia atravesaba una situación delicada y la pareja tuvo que elegir entre continuar con sus carreras o regresar a casa para intentar salvar el negocio.
“¿Queremos quedarnos en finanzas? Sí, podemos construir unas carreras muy buenas aquí, ¿o queremos dar un golpe para volver a casa y realmente darle una última oportunidad a la familia para sobrevivir?”, contó Avery. Finalmente, optaron por regresar y enfrentar el desafío.
El modelo tradicional de la granja no resultaba sostenible, por lo que decidieron cambiar el enfoque y apostar por la venta directa al consumidor. La transformación exigió tiempo y dinero: tuvieron que conservar el ganado durante dos años, lo que generó un período de aproximadamente un año y medio sin los ingresos habituales de esa actividad. “Fue una gran lucha”, señaló Avery.
Con el tiempo, la estrategia dio resultados. Lily Hill Farm comenzó a vender carne directamente a sus clientes y sumó las ventas por Internet, con envíos a distintos puntos del país. La pandemia también favoreció este cambio, ya que el crecimiento de las compras online modificó la relación entre consumidores y productores.
“Definitivamente abrió el mercado y dio al consumidor un poco más de conocimiento sobre el hecho de que puede comprar de algunas de estas granjas”, explicó Avery. La propiedad tiene casi 1.000 hectáreas y el matrimonio también puso el foco en la salud del suelo y en un sistema de pastoreo rotacional.
La propuesta combina producción agropecuaria, prácticas de agricultura sostenible y contacto directo con quienes compran sus productos. El objetivo ya no se trata solo de conservar una propiedad familiar, sino de mostrar cómo una granja tradicional puede cambiar su modelo para buscar nuevas fuentes de ingresos y acercar al consumidor al origen de los alimentos.
Fuente: Clarín
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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