Estilo de Vida

Dejó su ferretería a los 50 y vive en un autobomba convertido en casa

Pablo Mel vendió todo en Río Cuarto, transformó un camión 4x4 en motorhome y recorre el país: "La imprevisibilidad es lo más lindo de la vida"

Redacción3 min de lectura
Era dueño de una ferretería, se retiró a los 50 y transformó un autobomba en su casa: “Lo que te mata es la rutina”

Pablo Mel tenía una ferretería en Río Cuarto, Córdoba, y una meta que se había fijado a los 13 años: dejar de trabajar a los 50. En octubre de 2022, al cumplir esa edad, cumplió su palabra. Bajó la persiana del local que había levantado desde cero en 2008 y se subió a un camión 4x4 que transformó en su casa para recorrer las rutas del país.

La decisión no fue improvisada. La muerte de su padre en un accidente aéreo cuando era niño marcó su forma de ver la vida. "Aprendés de golpe lo frágil que es todo", recordó. Ese aprendizaje lo llevó a priorizar el tiempo propio por encima de la estabilidad comercial.

Antes de llegar al negocio, Mel había trabajado con caballos y tareas rurales en la provincia de Buenos Aires. Una estafa lo obligó a dejar el campo y recalcular el rumbo. Con su familia se instaló en Río Cuarto y en 2008 abrió la Ferretería Don Mel, que con los años se convirtió en referencia de la zona.

El arranque fue duro. Cinco meses después de abrir, el conflicto con el campo y los paros paralizaron la actividad económica de la región. Ser dueño del local y no pagar alquiler le dio el margen para resistir. Con el tiempo sumó un corralón de materiales y amplió los rubros.

"Encerrarme tantas horas detrás de un mostrador fue, sin dudas, el cambio más difícil de asimilar", contó. "Sabía por qué y para qué lo hacía; ver crecer el negocio día a día hizo que todo el sacrificio valiera la pena".

Cuando llegó el momento de retirarse, ya había comprado el vehículo. Buscaba un camión 4x4 y encontró uno a través de internet. El dueño había recibido una propuesta laboral en Brasil y aceptó una permuta por su Toyota Hilux 4x4 modelo 2013. Al ir a verlo, un detalle lo convenció: la unidad llevaba inscripto el número de móvil 8, la misma fecha de su cumpleaños en octubre.

El camión no era habitable. No permitía entrar parado en la parte trasera, así que junto a un amigo carrocero elevó la estructura del techo en unos tres meses de trabajo. Cuando lo llevó a su casa, descubrió que no entraba por el portón: tuvo que reformar la cochera para guardarlo bajo techo.

El impacto más fuerte no fue económico sino afectivo. Su pareja de entonces no compartía el proyecto itinerante y, tras un período de viajes intermitentes, decidieron terminar la relación de común acuerdo. Sus hijos también sintieron la distancia, aunque el vínculo se sostuvo con el tiempo.

"Para patear el tablero tenés que tener la decisión tomada de raíz, porque no es un camino para cualquiera", afirmó. "Muchos amigos me dicen que estoy completamente loco y les doy la razón".

Mel reconoció que lo más complejo es asumir que ya no cuenta con un ingreso regular. "Acá la regla es la imprevisibilidad absoluta. Y justamente ahí radica la mayor belleza: en no saber dónde vas a dormir esta noche, a quién vas a cruzarte ni qué historia te va a regalar la ruta", sostuvo.

Por qué importa

La historia de Mel refleja una tendencia creciente de personas que priorizan el tiempo propio sobre la estabilidad laboral. También expone el costo afectivo de decisiones radicales: rupturas, distancia con los hijos y pérdida de ingresos fijos.

Qué sigue

Mel continúa recorriendo el país sin ruta fija. Su caso se suma a otros relatos de vida nómada que ganan visibilidad en redes y medios, un fenómeno en expansión entre adultos que dejan atrás negocios o empleos formales.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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