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Disturbios en Europa: protestas, saqueos y toques de queda en cinco países

Lo que empezó como una movilización estudiantil en Francia se extendió a Albania, Bélgica, Italia y el Reino Unido, con las redes sociales como motor de las convocatorias.

Redacción••3 min de lectura
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Disturbios en Europa: protestas, saqueos y toques de queda en cinco países

Varias capitales europeas vivieron en menos de un año escenas que hasta hace poco parecían lejanas: autos incendiados, comercios saqueados, comisarías atacadas y toques de queda en barrios periféricos. Lo que comenzó en Francia a mediados de septiembre como una movilización estudiantil por la precariedad de la infraestructura educativa y la falta de docentes se extendió en pocas semanas a centros urbanos de Albania, Bélgica, Italia y el Reino Unido, con disturbios, saqueos e intensos enfrentamientos con la fuerza pública.

Las protestas se potenciaron por la efectividad de las redes sociales. TikTok, Telegram y X viralizaron en horas videos de enfrentamientos, convocatorias a saqueos y noticias falsas. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, planteó ante el Senado la posibilidad de interrumpir plataformas como TikTok y Snapchat de forma selectiva durante protestas violentas.

La justificación oficial de las autoridades es que esas aplicaciones se usan para coordinar saqueos en tiempo real, difundir convocatorias y compartir la ubicación exacta de los movimientos policiales. La discusión sobre el bloqueo selectivo de redes quedó instalada en el debate público europeo y divide a los gobiernos que buscan frenar la violencia sin restringir derechos digitales.

En paralelo, reguladores de la Unión Europea examinan posibles injerencias extranjeras en línea y campañas de desinformación en torno a los disturbios en Francia y brotes similares de violencia y saqueos ocurridos en otros países europeos en los últimos días. Según fuentes de seguridad, cuentas prorrusas y de extrema derecha difundieron videos violentos en un intento por sembrar más caos. Autoridades de París y Roma investigan si Rusia tuvo algo que ver con la difusión de desinformación en redes e internet.

El trasfondo es social y económico. Una juventud asfixiada, una clase media empobrecida y un desempleo persistente convirtieron al viejo continente en un polvorín, al tiempo que se encarece la vida, crece la crisis de la vivienda y se registra un colapso paulatino de los servicios públicos. Los enojos y las reivindicaciones nacen de una realidad compleja que las democracias actuales no han encontrado cómo revertir.

Según encuestas del Centro de Investigación Pew, la satisfacción con el funcionamiento de la democracia disminuyó drásticamente. En Francia, el 69% de la población está insatisfecha con la democracia. En España, la cifra llega al 68%. En Italia, al 62%. En Polonia, la democracia más reciente tras años de ocupación soviética, alcanza el 47%. En Estados Unidos, del otro lado del Atlántico, llega al 69%.

Cuando las protestas derivan en incendios, ataques, destrucción de bienes públicos y cócteles incendiarios, ya no se trata únicamente de reivindicaciones sociales, sino de un grave problema de orden público y convivencia democrática. Defender el derecho a protestar no significa tolerar delitos: las víctimas deben poder obtener reparación y los responsables, rendir cuentas. Un Estado democrático no puede mostrar debilidad ante quienes pretenden sustituir la ley por la intimidación.

Buena parte de Europa cambió la cultura del esfuerzo, la productividad y la exigencia por el culto al derecho adquirido, el hipercontrol fiscal y un asistencialismo insostenible. Hoy, cuando las arcas públicas están agotadas y la deuda pública se sitúa en el 88,8% del PBI para la zona euro y en el 82,9% del PBI para el conjunto de la Unión Europea, el sistema colapsa y la frustración toma las calles.

Los países europeos necesitan recuperar la disciplina fiscal, el respeto por la autoridad, el mérito individual y el estímulo a la inversión privada. Si la respuesta es solo policial o de negación del problema, pocos o ninguno serán los avances para encauzarlo. El diálogo con los sectores postergados y la adopción de medidas concretas sobre educación, vivienda y desigualdad son el camino para que el proyecto europeo sea de convivencia y no de trincheras.

Por qué importa

Las protestas exponen una crisis de confianza en la democracia europea: el 69% de los franceses y el 68% de los españoles están insatisfechos con su funcionamiento, según Pew. El debate sobre bloquear redes sociales marca un precedente para el resto del mundo.

Qué sigue

La UE debe definir si avanza con restricciones selectivas a plataformas durante protestas violentas y si atribuye formalmente a Rusia las campañas de desinformación. París y Roma tienen investigaciones en curso.

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