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El sistema inmune de los supercentenarios: qué revela un estudio japonés sobre la longevidad extrema

Investigadores de la Universidad de Osaka hallaron una población de linfocitos T que aumenta en quienes superan los 110 años y podría explicar su resistencia a enfermedades.

Redacción4 min de lectura
Qué tienen de distinto las defensas de quienes llegan a los 110 años: el hallazgo que podría dar pistas sobre la longevidad

Llegar a los 100 años es excepcional; superar los 110 es un hito al alcance de muy pocos. A quienes lo logran se los conoce como supercentenarios, y se convirtieron en objeto de estudio para la ciencia que intenta comprender los secretos de la longevidad extrema. Un nuevo trabajo de la Universidad de Osaka, en Japón, aporta una pista clave: el sistema inmunológico de estas personas presenta una particularidad que podría estar asociada a su capacidad de mantenerse sanas.

La investigación, publicada en Cell Reports, identificó un aumento significativo de una población poco habitual de células de defensa, los linfocitos T CD4+ citotóxicos (CD4 CTL), que se vuelve especialmente marcado alrededor de los 100 años. Los autores, sin embargo, advierten que no demostraron que estas células sean la causa de vivir más ni que protejan específicamente contra el cáncer.

Los linfocitos T CD4 suelen coordinar la respuesta inmunológica, pero los CD4 CTL tienen además capacidad citotóxica: pueden atacar directamente a determinadas células. Normalmente son escasos, pero se los ha visto en respuestas contra infecciones virales y en estudios previos mostraron capacidad para eliminar células tumorales y senescentes, aquellas que se acumulan con el envejecimiento.

Los científicos analizaron muestras de sangre de 28 personas: ocho de entre 70 y 99 años, diez centenarios (de 100 a 109) y diez supercentenarios (de 110 o más). En el primer grupo, los CD4 CTL representaban una mediana del 4%; entre los centenarios, el 9,6%; y entre los supercentenarios, el 17,6%. El resultado se contrastó con bases públicas que reunían más de cinco millones de células.

Además, algunos grupos de estas células se habían multiplicado de manera extraordinaria, un fenómeno conocido como expansión clonal, que ocurre cuando una célula inmunológica reconoce una amenaza y genera copias para combatirla. Al comparar los receptores de esas células con grandes bases de datos, los investigadores encontraron coincidencias con secuencias observadas en pacientes con cáncer de pulmón, mama e hígado, aunque los centenarios y supercentenarios estudiados no tenían antecedentes conocidos de esos tumores.

Una hipótesis es que estas células participen de una suerte de vigilancia inmunológica, reaccionando frente a células anormales antes de que exista una enfermedad detectable. También podrían responder a virus latentes o células senescentes. Pero los autores aclaran que las coincidencias encontradas no prueban que estuvieran efectivamente reconociendo células cancerosas.

Para el neurólogo Conrado Estol, allí radica uno de los aspectos más interesantes del trabajo. “Los supercentenarios no parecen tener simplemente un sistema inmune ‘más joven’, sino un sistema capaz de seleccionar y expandir linfocitos T CD4+ citotóxicos especializados en detectar y eliminar amenazas como infecciones y posibles células tumorales”, explicó.

“No podemos decir que estas células sean la causa de que estas personas vivan 110 años”, advirtió. Pero consideró que el hallazgo plantea la posibilidad de que la longevidad extrema dependa, en parte, de conservar durante décadas mecanismos particularmente eficientes de vigilancia y reparación. Estol utilizó un término para sintetizarlo: “inmunopotencia”, en contraposición a pensar el envejecimiento únicamente como pérdida de capacidad inmunológica.

El estudio también abre interrogantes sobre el papel de los hábitos. “La alimentación, el sistema inmunológico y el envejecimiento están totalmente relacionados”, señaló Cecilia Ponce, especialista en nutrigenética y autora de La edad que elegimos. Con los años aparece la inmunosenescencia –la pérdida progresiva de capacidad para responder frente a infecciones– y aumenta la inflamación crónica de bajo grado asociada al envejecimiento, conocida como inflammaging.

Según Ponce, una dieta con pescado, frutas, verduras y alimentos mínimamente procesados puede favorecer mecanismos relacionados con la regulación de la inflamación. Otra vía pasa por el microbioma intestinal: cuando consumimos fibras alimentarias y polifenoles, aumentan bacterias que generan ácidos grasos de cadena corta, como butirato, propionato y acetato, que intervienen en la permeabilidad intestinal y la inmunidad. “La alimentación va a tener un diálogo directo con el microbioma intestinal, que está sumamente relacionado con la inmunidad”, agregó.

La distinción es central: una alimentación saludable puede contribuir al funcionamiento inmunológico, pero no existe evidencia de que permita reproducir el particular perfil de células T encontrado en quienes llegan a edades extremas. El hallazgo, de todos modos, abre nuevas preguntas sobre la longevidad y el papel de las defensas en el envejecimiento saludable.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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