El truco genético de las serpientes para resistir el veneno de sus depredadoras
Un estudio de la Universidad de Queensland revela que 10 especies desarrollaron una mutación que repele las neurotoxinas.

Un equipo de científicos de la Universidad de Queensland (UQ), en Australia, descubrió que al menos 10 especies de serpientes desarrollaron un truco genético único para evitar ser devoradas por serpientes venenosas. La investigación, publicada en 2021, identificó una mutación que repele las neurotoxinas del veneno, un mecanismo que los expertos comparan con la repulsión entre dos polos magnéticos iguales.
El profesor asociado Bryan Fry, del Toxin Evolution Lab de la UQ, explicó que las neurotoxinas del veneno de serpiente atacan un receptor nervioso con carga negativa. Para contrarrestar este ataque, algunas serpientes evolucionaron reemplazando un aminoácido en su receptor por uno de carga positiva, lo que provoca que la toxina sea repelida. "Es una mutación genética inventiva", afirmó Fry en un comunicado.
El estudio demostró que este rasgo evolucionó de forma independiente en al menos 10 ocasiones en distintas especies. Entre ellas se encuentra la pitón birmana, una serpiente terrestre de movimiento lento que resulta vulnerable a la depredación de las cobras. Los investigadores comprobaron que esta especie es extremadamente resistente a las neurotoxinas.
También la serpiente topo sudafricana, otra especie de movimientos lentos que convive con cobras, presenta la misma resistencia. Sin embargo, las pitones asiáticas que viven en árboles durante su etapa juvenil y las pitones australianas que no comparten hábitat con serpientes neurotóxicas no desarrollaron esta protección.
Fry destacó que, aunque se sabía que algunas especies como la mangosta son resistentes al veneno de serpiente mediante una mutación que bloquea físicamente las neurotoxinas, esta es la primera vez que se observa un efecto de tipo "imán" en serpientes. Además, el mecanismo también apareció en serpientes venenosas para protegerse de sus propias toxinas, al menos en dos ocasiones.
El hallazgo fue posible gracias a la nueva Instalación de Interacción Biomolecular Australiana (ABIF) de la Universidad de Queensland, que permite analizar miles de muestras por día. "Esa facilidad significa que podemos hacer el tipo de pruebas que antes hubieran sido ciencia ficción", declaró el autor del estudio.
Fuente: Clarín
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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