Francia, al borde del colapso: disturbios, 2.000 detenidos y un ayuntamiento incendiado

Más de medio millón de personas marcharon el sábado en todo el país y la violencia dejó 1.500 comercios dañados. El gobierno de Macron y la extrema izquierda se cruzan acusaciones.

Redacción•
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Francia, al borde del colapso: disturbios, 2.000 detenidos y un ayuntamiento incendiado

Francia atraviesa los disturbios más graves de los últimos años. Más de medio millón de personas se movilizaron el sábado en unas 110 marchas en todo el país y, en medio de protestas pacíficas, grupos de alborotadores vandalizaron cerca de 1.500 comercios y símbolos del Estado, con un saldo de aproximadamente 2.000 detenidos, según informó el Ministerio del Interior.

El epicentro simbólico fue el incendio que destruyó buena parte del ayuntamiento de Limoges, en el centro del país. En Marsella, la segunda ciudad más grande, personas enmascaradas irrumpieron en un edificio gubernamental y derribaron un busto de Marianne, el símbolo de la República. Cuando el caos amainó el domingo, los ciudadanos observaron sus ciudades cubiertas de cristales rotos y los esqueletos carbonizados de autos quemados.

La violencia marcó la convergencia de tres factores: un movimiento estudiantil que lleva semanas en marcha, un movimiento nacional emergente contra el alto costo de vida y alborotadores oportunistas que usaron las manifestaciones como tapadera para saquear. La CGT, uno de los principales sindicatos, elevó la cifra de participantes a 800.000, por encima de los datos oficiales.

Por qué protestan los estudiantes

El mes pasado, los estudiantes de secundaria comenzaron a manifestarse por el estado de sus escuelas. Señalan el deterioro de la infraestructura, el hacinamiento en las aulas, la sobrecarga de horarios, la escasez de profesores y personal y la falta de financiación. Muchos también piden una reforma de las plataformas de admisión estatales para la educación superior, que consideran injustamente selectivas.

Los estudiantes bloquearon cientos de escuelas y, según el gobierno, incendiaron o dañaron al menos 24. Desde septiembre, miles de personas fueron arrestadas y más de 1.000 policías, estudiantes y personal escolar resultaron heridos. La ira se vio exacerbada por la respuesta policial: la fiscalía y un organismo de control investigan al menos 34 casos de presunta mala conducta, entre ellos el de un chico de 15 años al que le arrancaron la mano izquierda, probablemente por la explosión de una granada aturdidora, y el de un chico de 14 años mutilado por una granada de gas lacrimógeno disparada a quemarropa.

El costo de vida y la crisis fiscal

A lo largo de octubre, sindicatos y otros grupos activistas se sumaron a las manifestaciones estudiantiles. Algunos están indignados por el costo de vida y el alza de los precios del combustible, que se dispararon en parte por la guerra con Irán. Los agricultores se plegaron por los costos agrícolas y las cuentas en redes sociales asociadas al movimiento de los "chalecos amarillos", que sacudió Francia hace casi una década, se sumaron a los llamamientos.

Los partidos de izquierda aprovecharon las protestas como expresión del descontento con el presidente Emmanuel Macron, cuyo mandato está limitado a dos periodos y que se acerca al final de su tiempo en el cargo. Las protestas agravaron la sensación de crisis fiscal y social en la segunda economía más grande de la Unión Europea, mientras el gobierno intenta aprobar un presupuesto de austeridad impopular.

La pelea política

El domingo, los líderes de extrema derecha y el gobierno centrista culparon a la extrema izquierda del caos. Apuntaron en particular a Francia Insumisa, a la que acusaron de haber provocado los disturbios. El primer ministro Sébastien Lecornu sostuvo que los dirigentes de los partidos sembraron desconfianza hacia la policía entre los estudiantes y afirmó que algunos de los alborotadores eran miembros de la "ultraizquierda".

Francia Insumisa rechazó la acusación. Su líder, Jean-Luc Mélenchon, culpó al gobierno por acciones que, según él, hicieron más probables los disturbios. En redes sociales afirmó que Lecornu era "responsable del caos, debido a su incompetencia o a una estrategia catastrófica para crear un partido de orden que hiciera olvidar su fracaso en las finanzas públicas". El primer ministro no respondió a esa acusación.

El descontento tiene una larga historia en Francia, donde las protestas estudiantiles de 1968 estuvieron a punto de derrocar al gobierno y contribuyeron a transformar la sociedad francesa. En el plano electoral, la crisis también reordenó el tablero: la líder de extrema derecha Marine Le Pen aparece como favorita para ganar la presidencia en los comicios de la próxima primavera.

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