Ciencia

IceCube: el telescopio de neutrinos escondido bajo el hielo de la Antártida

Un kilómetro cúbico de hielo y 5.160 sensores para captar partículas fantasma que revelan los secretos del universo.

Redacción3 min de lectura
Bajo el hielo de la Antártida, equiparon con 5.160 sensores de luz un kilómetro cúbico de agua para convertir el Polo Sur en un telescopio que observa todo el planeta para captar partículas

En el Polo Sur, bajo kilómetros de hielo, se esconde uno de los observatorios más ambiciosos de la ciencia moderna. IceCube no apunta al cielo como un telescopio convencional: está enterrado a casi 2,5 kilómetros de profundidad y utiliza un kilómetro cúbico de hielo antártico para detectar neutrinos, partículas subatómicas casi imposibles de atrapar.

Su misión es captar estos mensajeros cósmicos para estudiar fenómenos extremos como agujeros negros, galaxias activas y explosiones estelares. El observatorio, construido entre 2004 y 2010, comenzó a operar con su configuración completa en 2011 y acaba de recibir una actualización clave.

IceCube cuenta con 5.160 módulos ópticos instalados entre 1.450 y 2.450 metros bajo la superficie. Para colocarlos, los científicos perforaron 86 pozos con chorros de agua caliente, introdujeron los cables con los detectores y esperaron a que el agua se volviera a congelar. Así quedó formada una gigantesca red tridimensional de instrumentos encerrados permanentemente en el hielo.

La profundidad no es casualidad: el hielo de esa zona, formado durante miles de años, es extremadamente transparente. Cuando un neutrino interactúa con la materia, genera partículas cargadas que producen un destello de luz azul, conocido como radiación Cherenkov. Los sensores registran esos destellos y, analizando su llegada a diferentes puntos, los científicos pueden reconstruir la dirección y la energía de la partícula original.

Los neutrinos son tan esquivos que billones atraviesan el cuerpo humano cada segundo sin que lo notemos. También pueden cruzar la Tierra casi sin ser perturbados. IceCube aprovecha esta propiedad: cuando detecta neutrinos que llegan desde abajo, estas partículas pueden haber ingresado por el hemisferio norte y atravesado hasta 12.700 kilómetros de planeta antes de alcanzar los sensores. La Tierra actúa así como un filtro gigante que bloquea otras partículas que generarían ruido en las mediciones.

Los resultados ya han marcado hitos en la astrofísica. En 2013, la colaboración IceCube presentó evidencia de neutrinos de alta energía procedentes de fuera del Sistema Solar. Cuatro años después, el 22 de septiembre de 2017, detectó un neutrino extremadamente energético, denominado IceCube-170922A. Observatorios de todo el mundo siguieron su dirección y encontraron actividad en TXS 0506+056, un blázar —una galaxia activa con un agujero negro supermasivo— situado a unos 4.000 millones de años luz.

En 2023, científicos de IceCube publicaron en la revista Science la primera representación de la Vía Láctea construida mediante neutrinos de alta energía, en lugar de ondas electromagnéticas como la luz visible o los rayos gamma.

El observatorio acaba de recibir una importante mejora. Durante el verano austral 2025-2026, se instalaron más de 600 nuevos sensores y dispositivos de calibración en las profundidades del hielo. Los trabajos finalizaron en enero de 2026. Estos nuevos instrumentos permitirán detectar neutrinos de menor energía y comprender mejor cómo se comporta la luz dentro del hielo. Además, esa información podrá aplicarse a 15 años de observaciones que IceCube ya tiene almacenadas.

A futuro, los científicos proyectan IceCube-Gen2, una expansión mucho mayor del detector. El principio seguirá siendo el mismo: utilizar miles de sensores, un kilómetro cúbico de hielo antártico y hasta la propia Tierra para intentar descubrir de dónde llegan algunas de las partículas más misteriosas del Universo.

Fuente: Clarín

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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