Oficinas pospandemia: el 96% de las pymes de América mantendrá o ampliará sus espacios
El mercado dejó de medir el valor en metros cuadrados y lo concentra en ubicación, tecnología y servicios para una presencialidad selectiva.

La pandemia instaló la idea de que el trabajo remoto vaciaría los edificios corporativos y volvería obsoleto al mercado de oficinas. Unos años después, la realidad muestra un panorama más complejo: las oficinas no desaparecieron, cambiaron, y el cambio más profundo ocurre en un segmento silencioso, el de los espacios compactos premium.
Según el último informe regional de CBRE, los espacios con mayor intensidad de uso no son las grandes sedes corporativas, sino aquellos orientados al contacto directo con clientes, donde la presencialidad sostiene la generación de valor. El estudio precisa que el 96% de las compañías de menos de 500 empleados en América prevé mantener o ampliar sus espacios físicos en los próximos años.
La tendencia marca que empresas, profesionales y organizaciones ya no buscan más metros cuadrados, sino mejores metros cuadrados. Prefieren superficies más pequeñas, mejor ubicadas, preparadas en materia tecnológica y acompañadas por servicios que potencien la experiencia de quienes trabajan y de quienes los visitan. El valor dejó de estar en el tamaño y pasó a estar en la calidad.
Detrás de esa transformación hay una razón concreta: el trabajo híbrido llegó para quedarse. Muchas organizaciones ya no necesitan oficinas capaces de albergar a todo su equipo al mismo tiempo, pero sí requieren lugares donde reunirse con clientes, fortalecer su identidad de marca, recibir pacientes, generar confianza o construir relaciones profesionales.
No todas las actividades pueden virtualizarse por completo. Un abogado puede enviar documentos por correo electrónico, un médico puede hacer seguimientos por telemedicina y un consultor puede coordinar reuniones por videollamada. Sin embargo, cuando la confianza se vuelve un componente central del servicio, la experiencia presencial conserva un valor difícil de reemplazar.
Por eso convergen actividades que antes pertenecían a mercados distintos. Consultorios médicos, estudios jurídicos, oficinas contables, espacios de bienestar, consultoras, agencias especializadas y pequeñas empresas tecnológicas comparten hoy necesidades similares: una presencia física selectiva, eficiente y de alto impacto. Ya no necesitan oficinas gigantes, sino espacios que transmitan profesionalismo.
Esa lógica explica el auge de los edificios con servicios compartidos. Salas de reuniones, recepciones de categoría, lounges, cafeterías, áreas de bienestar y tecnología integrada dejaron de ser amenities accesorios para convertirse en parte central del producto inmobiliario. El edificio funciona como una plataforma de servicios y no como un simple contenedor de oficinas.
La influencia de la hotelería resulta evidente. Los usuarios valoran cada vez más experiencias fluidas, confortables y memorables. La oficina moderna incorpora elementos del mundo hotelero porque entiende que la experiencia de quien llega al espacio forma parte del valor que allí se genera.
Las unidades más demandadas tienden a concentrarse en superficies reducidas. Espacios de entre 20 y 80 metros cuadrados permiten combinar eficiencia económica, flexibilidad operativa y calidad de ubicación. Son formatos atractivos para profesionales independientes, estudios especializados, startups y equipos corporativos descentralizados.
El fenómeno revela algo más profundo sobre la economía que viene. Mientras la inteligencia artificial y la automatización avanzan sobre tareas operativas y repetitivas, las actividades basadas en la confianza, la creatividad, el asesoramiento y el vínculo humano ganan importancia relativa. Y esos servicios siguen necesitando lugares físicos donde las relaciones puedan desarrollarse.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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