Los hermanos Thärigen y el emprendimiento que sostiene al Palacio Barolo
Miqueas y Tomás Thärigen convirtieron las visitas guiadas al edificio de Avenida de Mayo en un negocio familiar que recibe miles de turistas y reduce las expensas del consorcio.

Miqueas y Tomás Thärigen son los responsables de las visitas guiadas al Palacio Barolo, el edificio de Avenida de Mayo inaugurado en 1923 que se inspira en La Divina Comedia de Dante Alighieri. El emprendimiento, que comenzó en 2004 como una forma de pagar el alquiler, hoy recibe miles de turistas por mes y contribuye a reducir un 40% las expensas de un edificio de más de 100 años en el centro porteño.
La historia familiar se remonta a la década de 1920, cuando su bisabuelo, Carlos Jorio, instaló su estudio contable en el edificio. Décadas después, un tío de los hermanos pasó a administrar el Palacio y ellos crecieron vinculados a sus pasillos. Miqueas llegó desde Mar del Plata para estudiar Medicina en la Universidad de Buenos Aires y trabajaba como cadete en el Barolo, pero el sueldo no le alcanzaba para pagar el alquiler.
Mientras observaba a los turistas que se detenían frente a la fachada, se hizo una pregunta que cambiaría todo: “¿Qué pasa si subimos gente al faro para conocer el edificio?”. Las primeras visitas se hicieron los lunes y jueves, entre las 14 y las 18, con salidas cada hora. La difusión era artesanal: repartía folletos en la calle y mandaba mails a las agencias de turismo, porque en 2004 no existían las herramientas actuales.
“Sentimos que recibimos por parte de nuestra familia un espacio para explotar y que es nuestra responsabilidad conservarlo, mantenerlo y difundirlo para que futuras generaciones lo sigan disfrutando”, reflexiona Tomás. El edificio fue diseñado por el arquitecto italiano Mario Palanti a pedido del empresario textil Luigi Barolo, comenzó a construirse en 1919 y se inauguró el 7 de julio de 1923.
Con sus 100 metros de altura, que representan los 100 cantos de La Divina Comedia, el recorrido propone un viaje simbólico por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. La planta baja representa el Infierno, con figuras, inscripciones en latín y referencias a los personajes de la obra. A medida que se asciende, la arquitectura acompaña ese trayecto hasta llegar al faro, que simboliza el Paraíso y ofrece una de las vistas panorámicas más especiales del centro porteño.
Los guías visten camisa blanca y tiradores, una característica que nació de un par de sombreros heredados del bisabuelo. “Habíamos heredado un par de sombreros de nuestro bisabuelo, entonces empezamos a guiar usando sombrero. Después dijimos: ‘¿Qué te parece si nos vestimos más de época?’”, recuerda Miqueas.
El emprendimiento no solo conserva el patrimonio: también genera ingresos que alivian las cuentas del consorcio. La iniciativa de los hermanos Thärigen se suma a otras historias de recuperación patrimonial en el país, como la de quienes compraron aviones de Malvinas y los convirtieron en un hotel en Córdoba.
Con más de dos décadas de recorridos, el Palacio Barolo sigue funcionando como edificio de oficinas, tal como fue concebido, pero ahora comparte sus pasillos con turistas que buscan descubrir los secretos de una construcción inspirada en Dante. La oficina de los hermanos es una copia de la de su bisabuelo, un guiño a esa historia familiar que empezó hace más de un siglo.
Por qué importa
El caso muestra cómo un emprendimiento turístico puede sostener la conservación de un edificio histórico sin convertirlo en museo. Además, alivia las expensas de los propietarios de un inmueble de más de 100 años.
Qué sigue
Los hermanos Thärigen continúan con las visitas guiadas y la difusión del patrimonio del Palacio Barolo. No hay un hito confirmado sobre nuevas ampliaciones o cambios en el recorrido.
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