PISA 2025: la Argentina quedó última en clima de aula y revela una crisis de autoridad adulta
El país cerró la tabla entre 82 sistemas educativos en el índice de disciplina; el 58% de los alumnos reporta ruido y desorden en clase.

Ruido, desorden, alumnos que no escuchan al docente y clases que no pueden comenzar. La prueba PISA 2025 expuso una de las dimensiones más críticas de la educación argentina: el país quedó último entre los 82 sistemas educativos con información disponible en el índice de clima disciplinario. El valor argentino fue de -0,43, mientras que el promedio de los participantes, diseñado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), alcanzó 0,14.
Las respuestas de los propios estudiantes dimensionan el problema. En la mayoría o en todas las clases de Ciencias, el 58% dijo que hay ruido y desorden, casi el doble del 31% del promedio internacional. Además, el 47% afirmó que sus compañeros no escuchan al profesor, contra el 29% global, y el 29% señaló que los alumnos no pueden trabajar bien, frente al 19%.
El indicador no mide una idea genérica de indisciplina. PISA consulta con qué frecuencia los compañeros no escuchan, hay ruido, el docente debe esperar a que se calmen, los alumnos no pueden trabajar o tardan en empezar la tarea. La OCDE destacó a la Argentina y Uruguay como los dos sistemas donde al menos la mitad reporta ruido y desorden habitual.
La comparación tampoco mejora al mirar a los que aparecen inmediatamente por encima: Grecia registró -0,32; Paraguay, -0,22, y Uruguay, -0,21. Argentina, con -0,43, cierra la tabla internacional. La alarma aparece así antes de discutir cuánto saben los adolescentes sobre Ciencias, Matemática o Lectura, y pone el foco en las condiciones mínimas para que una clase pueda desarrollarse.
Para Pablo Mainer, fundador de Hablemos de Bullying, vocero de Argentinos por la Educación y referente en Santa Fe, detrás del deterioro del clima escolar confluyen distintos factores. "La causa de fondo es una crisis de autoridad adulta", aseguró. Aclaró que no se trata solo de las capacidades del docente, sino también del respaldo institucional, del involucramiento de las familias y de reconstruir una autoridad que ya no viene dada por ocupar el lugar del profesor.
A eso se suma un desajuste entre los ritmos de la escuela y los de los adolescentes. "Los chicos hoy están acostumbrados a otros ritmos, a la información inmediata, a la imagen por sobre el texto, a poner en doble velocidad los audios y los videos, y la escuela es ese ámbito donde todo tiene otro ritmo", explicó. Por eso, sostuvo que la convivencia debería abordarse de manera transversal dentro del proyecto pedagógico e institucional.
El clima dentro del aula está asociado con los aprendizajes. En casi todos los países, quienes describen ambientes más ordenados tienden a obtener mejores resultados en Ciencias, incluso después de considerar el perfil socioeconómico. La OCDE advirtió que esa relación no permite concluir que una variable provoque la otra.
El diagnóstico adquiere otra dimensión al observar los resultados argentinos. En Ciencias, el 59,3% de los estudiantes quedó en el nivel 1 o por debajo de la escala del 1 al 6, y alrededor del 41% llegó al nivel 2. El informe nacional señaló que las desigualdades socioeconómicas siguen siendo un condicionante central de los aprendizajes.
El problema empieza incluso antes de entrar a clase. Dos de cada tres adolescentes argentinos llegaron tarde al menos una vez durante las dos semanas anteriores a la evaluación. El 66% registrado en 2025 supera el 50% promedio de la OCDE y muestra un deterioro interno: había sido 60% en 2022 y 53% en 2018. En siete años, la impuntualidad escolar aumentó 13 puntos porcentuales.
El ausentismo ofrece un contraste. Alrededor del 20% faltó al menos un día completo, frente al 22% de la OCDE, y otro 20% faltó a una clase, contra el 24% internacional. El informe nacional, que agrupa haber faltado a una clase o a un día completo sin permiso, ubica la proporción en 27,8%. Entre los adolescentes del cuartil socioeconómico más bajo llega al 33,8% y entre los del más alto cae al 19,2%.
Las ausencias están asociadas con resultados entre 30 y 38 puntos inferiores. Pero el informe advierte que no puede establecerse causalidad: faltar puede reducir las oportunidades de aprender, aunque las dificultades académicas también podrían disminuir la motivación para asistir.
Al ruido y las interrupciones se suma otro competidor por la atención. El 55,4% de los estudiantes argentinos dijo que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de Ciencias. El país ocupa el segundo lugar entre los 83 sistemas con información disponible en ese indicador.
Además, los adolescentes argentinos pasan en promedio dos horas diarias con dispositivos digitales para ocio en la escuela, uno de los registros más altos de la comparación. En paralelo, el índice de preparación de las escuelas para el aprendizaje digital es de -1,11 y ubica al país en el puesto 87 entre los 88 sistemas. La combinación muestra una tensión: mucha presencia de dispositivos y distracciones, pero muy baja preparación institucional para incorporarlos al aprendizaje.
Mainer consideró que el celular profundiza esa dificultad para sostener la atención. "Tenemos cuerpos presentes, pero la cabeza está afuera", resumió. Describió al teléfono como un interruptor que interfiere incluso cuando no se usa y señaló que la búsqueda de estímulos inmediatos choca con los tiempos que exige aprender. "No entiendo, no me sale un ejercicio rápido y se evade con el teléfono", ejemplificó.
El especialista señaló que las restricciones avanzan de manera desigual en el país y sostuvo que no debería quedar librado a cada profesor resolver individualmente el uso del teléfono. También advirtió que el efecto excede el aula: en los recreos, las pantallas pueden desplazar instancias de intercambio y socialización. "Es importante no dejar solos a los profesores, que muchas veces pelean en soledad con respecto a los teléfonos en el aula", afirmó.
La inteligencia artificial agrega otra capa. El informe señaló que el 52% de los estudiantes utiliza herramientas de IA para tareas escolares al menos una vez por semana y el 41% las usa para resumir un texto que debía leer, frente al 30% de la OCDE. El documento consideró este último uso una alerta por la delegación de la comprensión lectora.
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