Economía Agrícola

Soja 2026/27: rotación, nutrición y diagnóstico del lote, las claves para romper techos de rinde

Dos productores que superan el promedio explican cómo se decide el partido antes de la siembra, con foco en el historial del ambiente y la estructura del suelo.

Redacción5 min de lectura
Soja 2026/27: las claves del manejo agronómico para romper techos de rindes

La soja dejó de ser un cultivo rústico de baja inversión. Para los productores que buscan rindes por encima del promedio, el resultado se define antes de la siembra: rotación correcta, buena nutrición y un diagnóstico profundo del lote son las variables que permiten esquivar problemas como las enfermedades de fin de ciclo y romper los techos de rinde.

Así lo plantean dos productores con experiencia en la materia. Ricardo Bergmann es vicepresidente de Acsoja y lidera Taguay SA, empresa familiar radicada en Monte Buey, Córdoba, que integra agricultura, ganadería y producción porcina. Estima sembrar unas 2.600 hectáreas de soja esta campaña, además de trigo, maíz, girasol y camelina.

En los alrededores de Monte Buey los suelos son franco-limosos; hacia el este mantienen características similares con mayor proporción de arcilla, mientras que hacia el sudoeste son más arenosos. Para Bergmann, todo arranca por conocer el terreno. “Lo más importante es hacer un diagnóstico. Hoy necesitás un profundo conocimiento sobre el lote en el que estás trabajando”, aseguró.

Ese historial permite identificar si el ambiente es homogéneo o heterogéneo, si presenta compactación y si se hicieron cultivos de cobertura. “Eso implica análisis de suelo, de los mapas de rendimiento y un pormenorizado diagnóstico del ambiente”, destacó.

Juan Balbín produce en un triángulo comprendido entre General Villegas, Laboulaye y Rufino, y fue presidente de CREA e INTA. Trabaja unas 4.500 hectáreas, de las cuales la mitad se destinan a soja. Coincide en que el diagnóstico es clave y advierte sobre una variable que suele subestimarse: la estructura física del suelo.

Por el paso de la maquinaria, los suelos hoy están tendiendo a estructuras laminares”, señaló Balbín, y remarcó que la compactación muchas veces no se ve, pero condiciona el intercambio gaseoso y la absorción de agua. La brecha se nota en los números: “Hemos tenido diferencias enormes entre los lotes que recién incorporamos y aquellos que vienen con historia agrícola de hace 20 años. Hablamos de 8 o 10 quintales por hectárea de diferencia”, afirmó.

Para el productor, es importante conocer la porosidad, la infiltración y si los niveles de compactación son superficiales o más profundos. “A la parte física del suelo se le da poca importancia y, cuando estás peleando rindes altos, cada detalle suma”, comentó.

En Taguay SA la soja nunca se piensa sola. “Va integrada al resto de los cultivos”, explicó Bergmann. Los campos que alquila desde hace años los maneja como propios. La soja es parte de un sistema y tanto la sustentabilidad como la productividad están asociadas al tipo de rotación. “Dentro de ese esquema le estamos entregando al suelo una estructura mejorada a través de los cultivos de cobertura, que en general son centeno, vicia o, en algunos casos, avena”, sostuvo.

Balbín va en la misma dirección: “se tiene que sí o sí rotar” si se quiere romper el techo de rinde. En los lotes que trabaja midió ese impacto: entre 3 y 4 quintales por hectárea de diferencia cuando la soja se siembra sobre maíz, y algo menos sobre sorgo. También encontró una ventaja en la soja de segunda sobre cebada, por la calidad del rastrojo. “Ninguna soja viene de una soja antecesora”, resumió. En su caso, el 90% de la soja se siembra sobre maíz.

La pérdida de nutrientes cambió las reglas de juego. Todo lo que se haga en la previa cumple un rol clave para mejorar la calidad del suelo y reducir el riesgo de enfermedades de fin de ciclo. “Hoy nuestro foco básicamente es incorporar nueva genética con las variedades que van apareciendo, la utilización de los eventos para resistencia de enfermedades o malezas, la fertilización y el manejo del cultivo por ambiente”, comentó Bergmann.

Llevado a la práctica, asegura que los mejores lotes productivos “ya se sabe que van a venir de un cultivo de maíz, que posiblemente haya tenido un cultivo de cobertura en base a centeno y vicia; que luego ese cultivo de cobertura fue quemado en septiembre, y que la siembra de la soja fue entre los últimos días de octubre y el 10 de noviembre, con un grupo de madurez 4.4, 4.1, 4.5”, resumió.

Para Balbín, las claves surgen de la suma de sanidad, nutrición y rotación. “Hace 15 o 20 años, con las primeras sojas RR, con 7 u 8 unidades de fósforo se podía llegar a 4.000 kilos por hectárea. Pero ahora, para pelear los 5.000 o los 6.000, tenés que estar en otra liga: la liga del maíz, la liga del trigo”, dijo. “Son pequeños detalles que empiezan a sumar cuando aspirás a rindes altos. Lo importante es tener todo hecho antes para que eso se produzca”, agregó.

Respecto del clima, Balbín advirtió que El Niño podría traer noticias dispares. “Hay una oportunidad en los lotes bien drenados y altos, sin riesgo de anegamiento; sin embargo, en los de perfil más complejo el fenómeno podría ser un problema, porque la soja tolera mal el agua estancada sobre la chaucha”, comentó. El uso de fungicidas también jugará un papel importante porque “no sabés cuándo vas a poder cosechar y eso puede llegar a generar situaciones difíciles, no solo de cosecha sino también de accesibilidad del transporte”.

Bergmann se mostró optimista. “En la regla PxQ se podría decir que estamos gozando de muy buenos precios y que el clima podría traer cantidades, por lo que tenemos que aprovechar e invertir más en las variables de producción, tales como fertilizante, cuidado de cultivos y buenas semillas certificadas”, señaló, y alertó: “Tendremos que tener cuidado con el impacto de las enfermedades y aplicar fungicidas”.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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