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Tokaimura: la agonía de 83 días del hombre más radioactivo de la historia

Hisashi Ouchi recibió 17.000 miliSieverts en el accidente nuclear de 1999 en Japón y murió tras una agonía que la medicina no pudo detener.

Redacción••3 min de lectura
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El lento y cruel final del hombre “más radioactivo” del mundo: terminó llorando sangre y pidiendo clemencia

El 30 de septiembre de 1999, la planta de procesamiento de combustible nuclear de Tokaimura, en la prefectura japonesa de Ibaraki, fue escenario del peor accidente nuclear de Japón hasta Fukushima. A las 10.35, Hisashi Ouchi, de 35 años, y su compañero Masato Shinohara mezclaban uranio enriquecido con ácido nítrico en una pileta cuando un destello azul salió de la tinaja: una fisión nuclear fuera de control que liberó neutrones y rayos gamma sobre los operarios.

Ouchi estaba en el epicentro y absorbió una dosis estimada en 17.000 miliSieverts (mSv), miles de veces por encima del límite anual permitido y comparable a la radiación del epicentro de Hiroshima. Shinohara, algo más lejos, también resultó expuesto, igual que un tercer operario, Yutaka Yokokawa. El incidente obligó a evacuar a los vecinos y a confinar a unas 300.000 personas en sus casas.

La catástrofe tuvo origen en negligencia técnica. La Compañía de Conversión de Combustibles Nucleares de Japón (JCO) permitió que los trabajadores operaran sin protocolos seguros. El límite legal para esa operación era de 2,4 kilos de uranio, pero los empleados usaron 16 kilos siguiendo procedimientos improvisados, según reportes de la BBC. La planta no tenía sistemas automáticos para medir los químicos y el material se cargaba a mano.

Tras el desmayo inicial, Ouchi llegó al hospital de la Universidad de Tokio con quemaduras visibles. Con las horas, los médicos comprobaron la destrucción total de sus glóbulos blancos y una alteración cromosómica irreversible que impedía regenerar células. El daño fue sistémico: perdió la piel de buena parte del cuerpo y necesitó injertos que su organismo rechazaba. Su hermana donó células madre, pero la radiación destruyó también ese tejido sano después del trasplante. Recibía diez transfusiones diarias para intentar frenar las hemorragias. El deterioro llegó al punto de que sangraba por los ojos.

El registro del canal público japonés NHK, titulado “Vida deteriorada: registro de 83 días de tratamiento por radiación”, describe la desesperación del operario. Ante el dolor extremo y la inutilidad de los procedimientos, Ouchi pidió terminar el tratamiento: “No puedo soportarlo más, no soy un conejillo de Indias”. El personal médico recurrió al coma inducido para aliviar su padecimiento, pero su cuerpo se desintegraba desde adentro. Los músculos se separaron de los huesos y, al día 59, sufrió tres paros cardíacos en una hora. Lo reanimaron, aunque el daño multiorgánico ya era irreversible.

El 21 de diciembre de 1999, a los 83 días del incidente, Hisashi Ouchi murió. Masato Shinohara falleció el 27 de abril de 2000, tras meses de agonía en el hospital. Tokaimura quedó como el peor desastre nuclear japonés hasta Fukushima, en 2011.

La justicia intervino en abril de 2001. Seis funcionarios de la JCO, entre ellos el jefe de planta Kenzo Koshijima, recibieron penas de prisión de entre dos y tres años por incumplir de forma sistemática las normas de seguridad. A la empresa le revocaron los permisos de operación y debió pagar 121 millones de dólares en compensaciones a 6.875 litigantes, según datos difundidos por el medio británico LadBible.

Por qué importa

El caso expuso cómo la negligencia en una planta nuclear puede costar vidas y forzar el confinamiento de 300.000 personas. Marcó un antecedente directo de las fallas de seguridad que Japón volvió a mostrar en Fukushima.

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