Divulgación Científica

Los perros de Chernóbil muestran señales de adaptación genética a la radiación

Un estudio de la Universidad Estatal de Carolina del Norte halló más de 100 regiones del ADN con indicios de selección natural en los animales que viven junto a la central nuclear.

Redacción••3 min de lectura
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Los perros de Chernóbil muestran señales de adaptación genética a la radiación

Un estudio científico reveló que los perros que viven cerca de la antigua central nuclear de Chernóbil, en Ucrania, presentan diferencias genéticas que podrían estar vinculadas con su adaptación a un ambiente contaminado. Los animales sobrevivieron y se reprodujeron durante generaciones en una de las zonas más castigadas por la radiación tras el accidente de 1986. La investigación fue publicada en la revista científica Genes.

El trabajo estuvo encabezado por especialistas de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, en Estados Unidos. Los científicos analizaron el ADN de perros que habitan en las inmediaciones de la planta y lo compararon con el de otros que viven en la ciudad de Chernóbil, a unos 16 kilómetros, además de poblaciones de Europa del Este y las islas Galápagos.

Los resultados mostraron diferencias genéticas importantes entre los animales, a pesar de vivir relativamente cerca. Eso llevó a los investigadores a indagar si las condiciones ambientales extremas pudieron favorecer determinados rasgos hereditarios a lo largo de las generaciones.

Uno de los hallazgos centrales fue la identificación de más de 100 regiones del ADN con señales compatibles con un proceso de selección natural. Esas zonas están relacionadas con funciones clave del organismo, como la reparación del material genético, el funcionamiento del sistema inmunitario y la supervivencia de las células.

Según los investigadores, los resultados podrían indicar que algunos perros heredaron características que les permitieron resistir mejor las condiciones del ambiente. Con el paso de las generaciones, los animales con mayores posibilidades de sobrevivir y reproducirse habrían transmitido esas variantes genéticas a sus descendientes.

La bióloga Megan Dillon, una de las responsables del estudio, explicó que las diferencias observadas entre las poblaciones no parecen deberse a nuevas mutaciones. En cambio, los datos sugieren que ciertos rasgos hereditarios pudieron volverse más frecuentes como consecuencia de las condiciones del entorno.

Los especialistas aclararon, de todos modos, que todavía no es posible confirmar que la radiación haya provocado directamente esos cambios. La zona también presenta contaminación por metales pesados y otras sustancias tóxicas que podrían haber influido en la evolución de los animales.

El accidente de Chernóbil ocurrió el 26 de abril de 1986, cuando explotó el reactor número cuatro de la central nuclear. La tragedia provocó la evacuación de miles de personas y dejó extensas áreas contaminadas. Con el paso del tiempo, numerosas especies continuaron habitando la región, entre ellas distintas generaciones de perros. Estudios sobre la adaptación de otras especies a ambientes extremos, como el que analizó la reproducción de un pez prehistórico, muestran el interés creciente de la ciencia por estos procesos.

Para los científicos, esta población representa una oportunidad para comprender cómo responden los seres vivos a condiciones ambientales adversas durante períodos prolongados. El hallazgo abre además nuevos interrogantes sobre la evolución de las especies y la capacidad de adaptación frente a ambientes contaminados.

Aunque todavía no existen respuestas definitivas, los perros de Chernóbil podrían aportar información valiosa sobre los cambios genéticos que se producen a lo largo de distintas generaciones. La genética de poblaciones aisladas ya había despertado interés en otros terrenos, como el estudio que sostiene que todos los ojos azules descienden de un mismo ancestro.

Por qué importa

La población canina de Chernóbil funciona como un laboratorio natural para entender cómo responden los seres vivos a ambientes contaminados durante generaciones. Lo que se aprenda allí puede aportar pistas sobre adaptación genética y riesgos ambientales en otras regiones.

Qué sigue

Los investigadores deberán determinar si la radiación, los metales pesados u otros factores tóxicos explican las variantes halladas. Nuevos estudios con muestras más amplias podrían confirmar si esas diferencias se traducen en ventajas concretas de supervivencia.

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