Estilo de Vida

Se veían pasar en una feria de Munro y 20 años después una casualidad los reunió

Cyn y Gaby se cruzaban 20 segundos por día en 2007. Un mensaje sin respuesta, un algoritmo y una cena los volvieron a encontrar en 2025.

Redacción••3 min de lectura
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Cynthia y Gabriel, Cyn y Gaby para todos, se conocieron en 2007 cuando tenían 17 años en una feria de Munro, partido de San Martín. Durante meses se cruzaron todos los días en charlas de 20 segundos, sin apellidos, sin teléfonos y sin redes. Él se enamoró; ella no. Veinte años después, en 2025, una casualidad los volvió a reunir y hoy son pareja.

Ella es de Capital Federal; él nació en Brasil pero se crió en Argentina, primero en Suárez y después en la Ciudad. Ambos tenían su primer trabajo en la feria Canguro, frente a la clínica Independencia: él en un puesto de relojes, ella en uno de ropa de talles especiales.

El puesto de Gaby estaba pegado a los baños y a la entrada, así que Cyn pasaba obligada por delante todos los días. Él la miraba, se acercaba a hablar algo, y el cruce quedaba siempre en lo mismo: una charlita de 20 segundos, idéntica cada vez. Nunca hubo números, ni Facebook, ni apellidos. Apenas los nombres.

En 2011 los dos renunciaron, él al puesto de relojes y ella al de indumentaria. No tenían amigos en común dentro de la feria, así que Gaby no tenía manera de buscarla. Tres años más tarde, en 2014, le apareció como sugerencia en Facebook una cara que reconocía. Le escribió un mensaje y no obtuvo respuesta: Cyn estaba de novia. El timing no los acompañó.

Pasaron los años. Él estuvo cinco años en pareja con otra chica. La llama parecía apagada hasta que, en enero de 2025, una cena la volvió a encender. Gaby salió a comer con un amigo de la colectividad judía, a la que ambos pertenecen, y el amigo le contó que estaba saliendo con una mujer con la que no veía futuro.

Con la curiosidad de siempre, Gaby le pidió ver el perfil de Instagram de la chica. Deslizando la pantalla se topó con una foto en una pileta: ahí estaba la chica con sus amigas, y entre ellas, Cyn. "Ahí mismo le dije a mi amigo que yo conocía a esa chica, que no podía creerlo, que había trabajado con ella en una feria, mil años atrás", cuenta Gaby. Y agrega: "es muy raro, medio cósmico pero tierno".

Le pidió al amigo que hiciera de celestino. Gaby mandó un mensaje privado y esta vez Cyn respondió: "Sí, me acuerdo de vos". Durante un mes hablaron por celular. Los dos tenían 36 años y ya no eran tan chicos.

La primera cita fue a ver la obra Prima Facie en el Teatro Picadero, una pieza sobre violencia de género que a ella, psicóloga con expertise en el tema, le pareció impecable. "Obviamente ahí estaba todo calculado", se ríe Gaby sobre su método de conquista. Después fueron a cenar y la conversación fluyó sin preguntas de presentación.

Al terminar, Cyn lo acompañó caminando por Av. Corrientes hasta su casa en Microcentro y desde la puerta pidió un Uber para volver a Flores. Cuando el auto llegaba, ella le preguntó cuán tímido era. Él contestó: "algo". Cyn empezó a irse, pero Gaby la tomó de las manos y le dijo: "o por ahí no tanto". Se dieron el primer beso.

La primera salida fue el 28 de marzo. Los primeros meses fueron, en palabras de él, dopaminescos. Cyn solía decir que pertenecía al mundo de las chicas que paseaban por el inframundo a la hora de las citas, que no había match y que sus relaciones duraban tres meses. Con Gaby rompió sus propios récords.

Lo eufórico de la primera etapa sigue apareciendo en ciclos, pero lo que perdura es el amor. "Una vez le pregunté: ¿querés un amor que dure o que arda?, una reflexión de Roland Barthes, y me dijo que arda", cierra Gaby. Y admite que quizás la respuesta pase por un equilibrio entre las dos cosas.

Por qué importa

La historia muestra cómo un vínculo que parecía cerrado puede reabrirse casi dos décadas después. Para quienes atravesaron relaciones que no llegaron a tiempo, el relato instala una idea simple: el timing, a veces, cambia.

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