Divulgación Científica

Un neurobiólogo irlandés explica cómo el café modifica la microbiota y protege el cerebro

John Cryan, del University College Cork, estudió a 62 adultos consumidores y no consumidores de café y halló efectos distintos entre la versión con cafeína y la descafeinada

Redacción••3 min de lectura
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Un neurobiólogo irlandés explica cómo el café modifica la microbiota y protege el cerebro

El neurobiólogo John Cryan, que dirige el Departamento de Anatomía y Neurociencia del University College Cork, en Irlanda, presentó los resultados de una investigación sobre café, microbiota intestinal y desempeño cognitivo. Lo hizo durante una visita académica a Barcelona, España, donde detalló un trabajo publicado en Nature Communications que comparó a consumidores habituales con personas que no toman la bebida.

El estudio reunió a 62 adultos de entre 30 y 50 años. La mitad consumía café de forma habitual y la otra mitad no. Luego, los consumidores suspendieron la bebida durante dos semanas y la reintrodujeron, en algunos casos con cafeína y en otros en versión descafeinada. El diseño permitió observar qué cambia en el organismo cuando se deja el café y qué ocurre al volver a tomarlo.

Cryan remarcó que el interés no se agota en la cafeína. La bebida contiene cientos de sustancias químicas, entre ellas polifenoles, compuestos vegetales que pueden ser metabolizados por microorganismos del intestino y modificar la comunicación entre la microbiota, el sistema inmune y el cerebro. Esa línea de investigación conecta con otros trabajos sobre cómo el entorno modifica el cerebro.

Los investigadores registraron cambios en la composición microbiana, en metabolitos, en marcadores inflamatorios y en pruebas psicológicas y cognitivas. El equipo halló mejoras en algunos aspectos del aprendizaje y la memoria entre quienes recibieron café descafeinado, lo que sugiere que componentes distintos de la cafeína pueden aportar efectos propios.

En tanto, el café con cafeína se asoció con menor ansiedad y mejoras en vigilancia y atención. Ambos tipos mostraron relaciones con estrés, síntomas depresivos e inflamación. Cryan fue cuidadoso: los resultados no significan que el café trate una enfermedad mental ni que produzca el mismo efecto en todas las personas. “Hace falta más investigación”, advirtió.

La microbiota reúne los microorganismos que viven en el intestino y sus productos pueden interactuar con el sistema inmune, el metabolismo y el sistema nervioso. La dieta es una de las vías más accesibles para modificar ese ecosistema, aunque no existe una composición perfecta y universal. Durante la retirada del café, el equipo detectó cambios en microorganismos, funciones inmunes, ansiedad y cognición; con la reintroducción, cafeína y descafeinado generaron perfiles distintos.

El trabajo no habilita a recomendar suplementos de microbiota ni pruebas comerciales. Tampoco demuestra que sumar café mejore la salud de alguien que no lo tolera. La respuesta individual depende del sueño, la presión arterial, la medicación, el embarazo, la ansiedad y otras condiciones. En la misma línea, la ciencia viene mostrando cómo distintos alimentos influyen en las neuronas.

Cryan citó estudios epidemiológicos que asocian dos o tres tazas diarias con menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Esas observaciones no prueban causalidad, porque los consumidores pueden diferir en muchos hábitos. Además, la cafeína es un estimulante y puede aumentar transitoriamente la presión, alterar el sueño o producir palpitaciones, y su contenido varía según el tamaño y el método de preparación.

Quienes presentan síntomas, toman medicamentos o atraviesan un embarazo deben consultar recomendaciones específicas. La conclusión más sólida del trabajo es que el café es una mezcla compleja y que su interacción con el intestino merece estudio, no que funcione como una terapia universal.

Por qué importa

Millones de personas toman café a diario y el estudio sugiere que sus efectos sobre el cerebro no dependen solo de la cafeína, sino también de compuestos que actúan sobre la flora intestinal. Aun así, no habilita a recomendarlo como tratamiento.

Qué sigue

Cryan pidió más investigación para confirmar los mecanismos detectados. El próximo paso será ampliar la muestra y extender el período de observación para verificar si los cambios en la microbiota se sostienen en el tiempo.

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